La vida eclesial de Ayacucho se ha articulado con fuerza alrededor de la predicación y del acompañamiento en contextos de dolor social. Un testimonio particularmente significativo aparece en el discurso de san Juan Pablo II dirigido a los fieles congregados en Aiacutzi (Ayacucho) durante su visita apostólica al Perú.
El papa declaró su deseo de acercarse al dolor de la población y aportar una palabra de aliento orientada a la reconciliación de los espíritus.
Clamor por la paz y espiral de violencia
San Juan Pablo II identificó el clamor angustiado de la gente que pide paz, y explicó que el sufrimiento crece a causa de una «espiral de violencia» que ha golpeado profundamente a la región.
También formuló un criterio moral claro: el desafío pastoral consiste en combatir la violencia con armas de paz, y en convencer a quienes se dejan arrastrar por la tentación del odio de que solo el amor resulta eficaz.
Medios legítimos y conversión del corazón
El discurso vincula la esperanza cristiana con el uso de medios legítimos de tutela de la sociedad, en vez de responder a la violencia con violencia. Esa orientación busca sostener la convivencia y defender a los indefensos sin caer en dinámicas que agravan el conflicto.
El papa afirmó que la construcción de un mundo nuevo exige el camino que enseña Jesús, Príncipe de la Paz.
Raíces del dolor: injusticia y acción
San Juan Pablo II invitó a ir a las raíces de las situaciones dolorosas que producen sufrimiento añadido en víctimas inocentes. El papa sostuvo que la Iglesia no puede negar la realidad de personas que padecen por la injusticia, y que esa realidad debe mover con eficacia a la acción.