En la disciplina católica, una archidiócesis puede ejercer la función de sede metropolitana. En el caso de Curitiba, la Santa Sede elevó la diócesis a archidiócesis y la integró como centro de una provincia eclesiástica, con diócesis sufragáneas y normas propias para la comunión y el gobierno eclesial.3
La sede metropolitana coordina la vida de la provincia eclesiástica y presta un servicio de comunión a las Iglesias particulares hermanas, de modo que el cuidado pastoral del territorio responda mejor a las necesidades de los fieles.4


