La evolución de la sede de Madrás
Desde comienzos del siglo XVII, los territorios que hoy corresponden a la diócesis de Madrás se relacionaron con el Padroado de la sede de San Tomé (Meliapor). En 1642, una misión capuchina inició su actividad en Madrás y la Santa Sede la erigió como prefectura apostólica bajo la Propaganda Fide. La misma estructura continuó hasta que la Santa Sede sustituyó aquel régimen por un vicariato apostólico en 1832. Ese cambio condujo, además, a la retirada de la jurisdicción asociada a San Tomé mediante el breve «Multa Praclare» (1838).
La expansión misionera llevó a reducir el ámbito inicial del vicariato mediante la erección de nuevos vicariatos, como los de Vizagapatam (1849) e Hyderabad (1851). Cuando la Santa Sede restableció la jerarquía en 1886, convirtió Madrás en archidiócesis, con diócesis sufragáneas como Vizagapatam e Hyderabad. Con los reajustes ulteriores, la archidiócesis alcanzó los límites entonces vigentes.
En ese periodo, la relación con Meliapor conservó un carácter particular: dentro de Madrás existieron iglesias exentas vinculadas a la jurisdicción de San Tomé, y Adyar (en Mylapore) quedó bajo jurisdicción de Madrás.
La diócesis de San Tomás de Meliapor
La diócesis de San Tomás de Meliapor hunde su identidad en el culto al apóstol y en la historia eclesial del enclave de Meliapor. La tradición local sitúa la sede apostólica en Meliapor y vincula el lugar con el martirio y el sepulcro del apóstol. La documentación católica del siglo XX describe, además, la evolución histórica del territorio en el contexto de la presencia portuguesa y del control marítimo y militar europeo en la región.
La Santa Sede erigió formalmente la diócesis con San Tomás de Meliapor como ciudad episcopal y la iglesia parroquial de San Tomás como catedral. La documentación indica que Paul V la creó el 9 de enero de 1606 a instancia del rey Felipe II de Portugal, junto con el nombramiento del primer obispo y el reconocimiento de derechos de patronato y presentación a favor de la monarquía portuguesa.
Con el paso del tiempo, la diócesis integró el trabajo de diversas familias religiosas y misioneras vinculadas a la presencia portuguesa y a las misiones europeas en el litoral de la India, y atravesó tensiones disciplinarias y jurisdiccionales en un entorno marcado por cambios de poder político y por la necesidad de consolidar un clero local.