La memoria eclesiástica del territorio enlaza con el papel que desempeñó Mérida (Emerita Augusta) en la Antigüedad cristianizada.
La tradición histórica recogida por la Catholic Encyclopedia explica que, cuando los romanos dividieron la Hispania ulterior en provincias, Mérida (Emerita Augusta) pasó a ser capital de la provincia de Lusitania y, a la vez, sede metropolitana.
Cuando los árabes dominaron el territorio, Mérida quedó incorporada al emirato de Córdoba y dejó de ser sede episcopal.
Tras la reconquista, la región recibió el nombre de Estremadura (Extrema Durii), asociado a su significado histórico como franja situada «al otro lado» del río Duero, línea de separación prolongada entre mundos enfrentados.
En la historia de la Iglesia en la zona, la diócesis de Badajoz se erigió en 1225, poco después de la reconquista, y mantuvo una sucesión episcopal ininterrumpida.