La implantación de Regina se apoyó en una combinación de ministerio diocesano, presencia de institutos religiosos y mecanismos educativos y caritativos. En 1913, la Iglesia local presentaba una base católica significativa y una composición étnica característica de la inmigración de la época.
Población católica y diversidad cultural
En 1913, la diócesis de Regina contaba con 58.771 católicos. La distribución reflejaba la pluralidad migratoria: 19.563 fieles de ascendencia francesa, 16.318 alemanes, aproximadamente 13.000 gallegos vinculados al rito ruteno, además de 4.759 de lengua inglesa, 2.312 polacos y 1.819 húngaros; el resto correspondía a otras nacionalidades, con cerca de 1.000 católicos indígenas.
Esa diversidad no solo describe un mosaico humano, sino que también explica la necesidad de una pastoral con sensibilidad cultural y capacidad de atender diferentes tradiciones dentro de la comunión católica.
Presbíteros y recursos pastorales
En ese mismo periodo, 59 sacerdotes atendían las necesidades espirituales de los fieles: 43 de origen francés, 15 alemanes y 1 de Escocia.
La acción pastoral se sostuvo con la contribución de comunidades religiosas destacadas: Oblatas de María Inmaculada (relacionadas con el impulso misionero inicial), Misioneros de La Salette (asociados a la misión de Issoudun, Francia), Redentoristas, y los Hijos de María Inmaculada. En el ámbito femenino, varias congregaciones de monjas prestaban servicio docente en escuelas o atención a los enfermos en el hospital fundado recientemente en Regina.