De las primeras sedes al asentamiento en La Habana
La capitalidad eclesiástica en Cuba no nació ligada de forma inmediata y permanente a La Habana. La sede episcopal conoció una evolución temprana: primero recayó brevemente en Baracoa (1518) y después en Santiago de Cuba (1522), hasta que La Habana consolidó su centralidad pastoral.
Partición de la diócesis en el siglo XVIII
En el siglo XVIII, la Diócesis de Cuba resultó demasiado extensa para su administración pastoral, y comprendía territorios que iban más allá de la isla, además de Florida y Luisiana. La Corona española impulsó un plan de partición consultando previamente al Supremo Consejo de Indias en 1786.
La Santa Sede confirmó ese proyecto mediante un decreto pontificio del 10 de septiembre de 1787.
La ejecución recayó en don José de Tres-Palacios, cuya labor culminó en su nombramiento como primer obispo de La Habana bajo la nueva configuración.
La erección de la catedral
La catedral de La Habana fue erigida como tal en 1789, marcando un punto decisivo para la vida litúrgica y la identidad pastoral de la sede.