Un paso decisivo en la historia de Tulancingo ocurrió con la reorganización promovida por la constitución apostólica De Tulancingo, promulgada por el Papa Pío XI el 24 de noviembre de 1922.
Motivo pastoral: responder a «las necesidades de los tiempos»
El documento relaciona la reorganización con la necesidad de que las circunscripciones eclesiásticas respondan «a las necesidades de los tiempos y de las circunstancias», de modo que los fieles reciban instrucción y encuentren el camino de la salvación.
Dismembración de Tulancingo y erección de la diócesis de Huejutla
Pío XI erigió la nueva diócesis, Huejutlensis, y asignó 27 parroquias tomadas de Tulancingo, además de otras parroquias provenientes de Tamaulipas y de San Luis Potosí. El texto también establece que la sede y la cátedra episcopal se fijaron en Huejutla, ciudad de la que la diócesis tomó su nombre.
De acuerdo con el mismo documento, la catedral de Huejutla quedó como sufragánea de la «Ecclesia Angelorum», y el Papa vinculó los derechos metropolitanos a la autoridad del arzobispo correspondiente. Además, la Santa Sede se reservó la facultad de modificar la provincia y la dismembración diocesana cuando lo juzgara oportuno.
Infraestructura formativa y pastoral a comienzos del siglo XX
A comienzos del siglo XX, la diócesis presentaba una organización educativa y formativa relevante:
- un seminario con 40 estudiantes,
- 39 escuelas parroquiales,
- cinco colegios católicos con aproximadamente 2.352 alumnos.
El contexto histórico también describía presencia de instituciones protestantes en colegios e iglesias, lo que sitúa la misión eclesial en un marco social de pluralidad religiosa.