El territorio eclesiástico de Zamboanga se relaciona desde sus orígenes con el desafío misionero de Mindanao y las islas vecinas. En los primeros tiempos, la diócesis incluyó regiones insulares como Basilán, Cámiguin, Dinagat, Mindanao, Siargao y el archipiélago de Joló.
Evangelización y actores religiosos
A finales del siglo XVI, misioneros jesuitas y recoletos llevaron adelante la evangelización en Mindanao. Las comunidades cristianas crecieron gracias al trabajo misionero, aunque afrontaron dificultades severas derivadas de conflictos con grupos que profesaban el islam y de la inestabilidad del entorno.
Cuando los jesuitas pudieron reingresar al país, continuaron su labor misionera y pastoral con «éxito notable», según el relato histórico de principios del siglo XX. Además, impulsaron iniciativas educativas y asistenciales, como obras para niños abandonados vinculadas a la misión en Tamontaxa.
El papel del poder civil y los cambios políticos
El gobierno español sostuvo a los misioneros y sus misiones, con una estrategia que buscaba integrar la evangelización y la estabilidad regional. Ese impulso misionero sufrió un golpe cuando las Filipinas pasaron a dominio de Estados Unidos: muchos misioneros fueron retirados y varias estaciones misioneras quedaron abandonadas.
Con todo, la diócesis desarrolló una estructura de parroquias misioneras y mantuvo un clero numeroso, mayoritariamente perteneciente a la Compañía de Jesús, en el panorama eclesial de comienzos del siglo XX.