En el lenguaje magisterial, las adicciones no se reducen a «vicios» puramente voluntarios ni a meras disfunciones biológicas. El daño es real, pero la persona también posee una dignidad inviolable y una historia concreta que exige escucha.
Dignidad, escucha y curación: no reducir a la persona a un «mecanismo»
El Papa Francisco, al hablar de los narcóticos y de la «adicción química», subraya que no existe una única causa: «there is no single cause of drug addiction... [rather] many factors».
Insiste también en que «every drug addict has a unique personal story and must be listened to, understood, loved, and, insofar as possible, healed and purified».
Y añade: no se debe cometer la «injustice» de categorizar al adicto como si fuera «mere objects or broken machines», porque cada persona debe ser valorada por su dignidad.
Adicciones químicas: el daño y su encadenamiento social
En el mismo discurso, se presenta el daño como esclavitud: quienes caen en la red de los narcóticos «have been enslaved to them; enslaved by an addiction... ‘chemical’».
Se advierte asimismo de una dimensión social y criminal: la distribución de drogas aparece vinculada a «organized crime», y por ello combatir la demanda exige también educación, programas sociales y apoyo familiar.
Adicciones no químicas y «espacio virtual»: riesgo real y necesidad pastoral
El magisterio aplica el problema a «old and new» formas de dependencia. En 2018, el Papa Francisco habla de una «area of increasing risk» en el «virtual space»: en ciertos sitios de internet, jóvenes -y no solo jóvenes- quedan «lured into a bondage hard to escape», con pérdida del sentido de la vida e incluso, en algunos casos, de la vida misma.
Y, por ello, subraya que la pastoral debe ofrecer un «humanism» capaz de devolver la centralidad a la persona, inspirada en el «Gospel of Mercy».