Un auto sacramental ofrece una representación dramática del misterio eucarístico. En su forma más característica (la de la época de Calderón), el núcleo temático gira en torno a la presencia real de Cristo en la Eucaristía y a las verdades de la fe que esa presencia ilumina. En muchos casos, los autos recurren a la alegoría: figuras como la Fe, la Esperanza, la Muerte o el Pecado actúan como «personajes» para expresar realidades espirituales.1
El auto sacramental se diferencia de un simple entretenimiento religioso porque utiliza un lenguaje dramático coherente (personajes, acción, diálogo, verso) para llevar al espectador desde la contemplación simbólica hacia la actitud creyente propia del culto eucarístico.1
