La tradición de la Virgen de los Desamparados nace en Valencia en un contexto de asistencia concreta a los más vulnerables. En 1409 se fundó un hospital bajo el patronazgo de Santa María de los Inocentes, al que se vinculó una cofradía dedicada a la asistencia de los difuntos sin amigos ni recursos dentro de su ámbito de servicio.1
Con el paso del tiempo, la cofradía se separó del hospital y continuó su labor con una identidad propia: pasó a denominarse «Cofradia para el ámparo de los desamparados». En ese proceso, la devoción mariana quedó ligada de modo orgánico a la práctica de la misericordia, dando forma a una sensibilidad religiosa que con el tiempo se consolidaría como rasgo característico de la ciudad.1
En el impulso de la construcción de la capilla intervienen también autoridades civiles. Se recoge que Felipe IV y el duque de Arcos sugirieron la edificación de la nueva capilla, y que en 1647 el virrey, Conde de Oropesa, insistió en llevar adelante el proyecto tras haber sobrevivido a la peste bubónica.1
Finalmente, la advocación mariana fue proclamada como patrona de la ciudad, y el arzobispo Pedro de Urbina puso la primera piedra de la capilla dedicada a la Virgen bajo el título de «Virgen de los desamparados» en fechas que algunas fuentes consignan como «31 de junio de 1652». Dado que esa formulación choca con la existencia real del día en el calendario, conviene en una síntesis divulgativa recoger la idea de que la colocación se sitúa a finales de junio de 1652, sin forzar una fecha imposible.1



