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Biblia Septuaginta

La Septuaginta (LXX), también llamada traducción de los Setenta, constituye la primera gran traducción del Antiguo Testamento del hebreo al griego koiné. La Iglesia la recibió de modo significativo en los primeros siglos y conservó su uso en el ámbito oriental, influyendo de manera decisiva en el lenguaje bíblico y teológico del cristianismo antiguo.1,2

Biblia Septuaginta
Ver información de la imagenpágina con texto de Ez 1:28-2:6. Dominio Público.
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSeptuaginta
CategoríaLibro
DescripciónPrimera gran traducción del Antiguo Testamento del hebreo al griego koiné. La Septuaginta (LXX) es la traducción más antigua conocida del Antiguo Testamento del hebreo al griego koiné. Su origen se sitúa en la comunidad judía de habla griega de Alejandría (Egipto) durante el período helenístico, y fue creada para atender a la necesidad de una versión griega de la Ley. La obra se consolidó como texto de referencia para la Iglesia oriental y tuvo una notable influencia en la teología cristiana primitiva
AutorComunidad judía de Alejandría
Autoridad EclesiásticaSan Agustín, San Jerónimo (comentaron su autoridad y uso).
Contexto HistóricoRealizada en el contexto de la diáspora judía helenística; adoptada y utilizada por la Iglesia cristiana desde los primeros siglos.
ImportanciaClave para la historia textual del Antiguo Testamento, puente cultural y teológico entre el judaísmo helenístico y el cristianismo, y texto de referencia litúrgico en la tradición oriental.
Lugar
  • Alejandría
  • Egipto
TipoLibro, Traducción, Antiguo Testamento del hebreo al griego koiné, III a.C.
Uso LitúrgicoConservada en la liturgia y tradiciones de la Iglesia oriental; influyó en traducciones latinas tempranas y en la revisión hexaplar de los Salmos.

Tabla de contenido

Importancia

La Septuaginta resulta clave para comprender la historia textual y la recepción eclesial de la Escritura por motivos principales:

  • Testimonio antiguo del texto hebreo. La Septuaginta ofrece una traducción muy temprana del Antiguo Testamento. Su antigüedad permite a los estudiosos comprender mejor el texto hebreo (masorético), que llegó a una forma fija varios siglos después. Entre los siglos III-II a. C. y la época en que el texto hebreo quedó estabilizado, el Antiguo Testamento pudo experimentar alteraciones (corruptelas, omisiones, adiciones o cambios de orden). La Septuaginta aporta un testimonio valioso para interpretar esos procesos.1,3
  • Puente cultural y teológico. La versión griega difundió entre los pueblos de habla griega la expectativa mesiánica y facilitó el desarrollo de un vocabulario teológico griego adecuado para anunciar el Evangelio.1
  • Uso extendido antes y después de la época de Cristo. El judaísmo griego empleó la Septuaginta durante siglos. En tiempos de Cristo, muchos la consideraban un texto legítimo, y también entró en el horizonte de los cristianos primitivos, que tomaron de ella referencias del Antiguo Testamento.1
  • Recepción eclesial y aprovechamiento patrístico. La Iglesia antigua utilizó la Septuaginta de forma directa (especialmente en el mundo griego) o indirecta a través de traducciones antiguas. Padres y escritores eclesiásticos le concedieron gran estima. Conocerla ayuda a comprender mejor esas literaturas.1,2
  • Conservación en la liturgia y en tradiciones antiguas. La tradición oriental conserva la Septuaginta como texto de referencia, y en Occidente influyó en traducciones latinas tempranas, como la Vetus Itala; además, la tradición latina vinculó su forma de los Salmos con la revisión hexaplar de la Septuaginta.1

Origen: tradición y visión moderna

La tradición de Aristeas

La tradición sitúa el origen de la Septuaginta en la Carta de Aristeas. El rey Ptolomeo II Filadelfo habría buscado enriquecer la biblioteca de Alejandría con los libros sagrados de los judíos. Una delegación de ancianos habría traducido las Escrituras al griego en un marco que la tradición describe con rasgos providenciales.1

La explicación más aceptada

La explicación que goza de mayor aceptación histórica presenta la traducción como un proceso gradual vinculado a las necesidades de una comunidad judía de lengua griega en Egipto, especialmente en Alejandría. Con el paso del tiempo, el hebreo dejó de ser la lengua habitual para muchos, y la comunidad necesitó la Ley en griego para la lectura y la instrucción. Ese proceso se extendió después a otros libros.1

Historia posterior, recensiones y manuscritos

Recensiones (revisiones) principales

Con la difusión de la Septuaginta, los copistas y las comunidades generaron distintas formas del texto. Los estudiosos antiguos intentaron restaurar la «pureza» del texto y armonizarlo en la medida de lo posible con el hebreo.

  • Recensión de Orígenes (Hexapla). Orígenes dispuso el material en columnas y usó marcas para señalar diferencias entre la traducción y el texto hebreo. La tradición distingue entre la forma «común» (anterior a estas correcciones) y una forma «hexaplar».1
  • Recensión de Luciano. Luciano, vinculado a Antioquía, preparó una edición corregida con atención al hebreo. La tradición asocia esta línea textual a un uso extendido en ciertos centros eclesiales orientales.1
  • Recensión de Hesiquio. Hesiquio promovió una revisión asociada especialmente con Egipto.1

Manuscritos más conocidos

La transmisión de la Septuaginta no depende de un único testimonio. La tradición textual conserva grandes códices, escritos en letras capitales (unciales), entre los que destacan:

  • Códice Vaticano (Codex Vaticanus, B). Procede del siglo IV. La tradición textual lo considera el más «puro» de los tres grandes códices.4,5
  • Códice Sinaítico (Codex Sinaiticus, Aleph o S). Corresponde al siglo IV y llegó a Europa en el siglo XIX. En su estado conservado presenta un texto con mezcla de tradiciones textuales.4
  • Códice Alejandrino (Codex Alexandrinus, A). Se data en el siglo V y se conserva en Londres. El códice incorpora abundante material hexaplar y muestra huellas de correcciones según el texto masorético en ciertos lugares.4

Además, la Biblioteca Nacional de París conserva un palimpsesto importante: el Códice Ephraemi rescriptus.1

Ediciones impresas

Las ediciones impresas de la Septuaginta nacen, en gran medida, de las grandes recensiones anteriores.

  • Edición complutense (Alcalá). La editio princeps se asocia al ámbito de Alcalá y aparece en torno a comienzos del siglo XVI.1,3
  • Edición aldina. Aparece en Venecia en 1518 con un texto considerado más cercano a códices antiguos como el Vaticano.1
  • Edición romana o sixtina. En 1586, bajo el patrocinio de Sixto V, la edición romana reproduce sobre todo el Códice Vaticano. Esta edición llegó a influir como textus receptus en el Antiguo Testamento griego.1

Valor crítico y lingüístico

La Septuaginta transmite «el sentido» de los libros sagrados, pero presenta diferencias respecto al texto hebreo tal como se conserva hoy. Estas divergencias no suelen limitarse a un único tipo de fenómeno; responden a causas diversas:

  • Diferencias por la base textual. Los traductores trabajaron a partir de recesiones hebreas que podían diferir de la forma masorética posterior.1,6
  • Diferencias interpretativas y lingüísticas. El traductor podía leer el hebreo de manera distinta por su grafía (la escritura hebrea carece de separación clara y de vocales en su forma tradicional) o por la complejidad de ciertas expresiones.1
  • Efectos de la transmisión manuscrita. La historia de copias, revisiones y ediciones antiguas introdujo transposiciones, adiciones y omisiones en algunos pasajes.1,4

En cuanto al griego, la Septuaginta se redacta en griego popular (koiné). Esa elección condiciona el estilo y el alcance teológico de su lenguaje.1

La Septuaginta en la Iglesia

Recepción de la Septuaginta y respeto por las lenguas bíblicas

La Iglesia muestra una actitud de honor hacia las traducciones antiguas al preparar traducciones bíblicas para el culto y la catequesis. Este enfoque no elimina la necesidad de basarse en las lenguas originales; al contrario, permite integrar el patrimonio interpretativo y litúrgico que la comunidad cristiana acumuló con el uso antiguo de las versiones.7

Una formulación patrística expresa esta convicción con fuerza: san Agustín defendió la autoridad eclesial de la Septuaginta, y describió la recepción de la Iglesia como si la versión griega «fuera la única», subrayando además que los cristianos juzgan que nadie debe anteponerse a esos traductores en lo que concierne a la Escritura recibida por la Iglesia.8

Y san Jerónimo explicó el papel de la Septuaginta aun cuando existan diferencias con el texto hebreo. El santo reconoce omisiones y adiciones señaladas en manuscritos antiguos, pero mantiene que la Septuaginta conservó su lugar en las iglesias por razones históricas y por el uso apostólico en lugares donde no discrepaba.9

Traducción bíblica y liturgia

La Iglesia latina, desde sus traducciones tempranas, recibió influencias de la Septuaginta. La tradición menciona de forma particular la relación entre la Vetus Itala y la revisión hexaplar aplicada a los Salmos.1

Asimismo, el horizonte católico contemporáneo invita a considerar el valor de las versiones antiguas en la historia de la interpretación: la Iglesia busca que los traductores atiendan a la huella interpretativa que las Escrituras bíblicas reciben en la exégesis de los Padres.7

Septuaginta y lectura cristiana de la Escritura

La interpretación cristiana antigua no parte de un acceso aislado a un único texto. La Septuaginta funciona como un testigo relevante del judaísmo del tiempo de la maduración final del Antiguo Testamento y como matriz interpretativa para el inicio de la tradición cristiana. La Pontificia Comisión Bíblica reconoce su condición de testigo muy antiguo para el modo judío de interpretar la Biblia y su continuidad en la vida de la Iglesia oriental durante siglos.2

Esa continuidad no elimina el trabajo crítico: la historia textual muestra que el Antiguo Testamento circuló en formas diversas. Los descubrimientos asociados a Qumrán impulsan la comprensión de la complejidad del mundo judío y el carácter plural de las ediciones literarias en la transmisión antigua. Esta perspectiva ayuda a entender por qué los estudios sobre la Septuaginta resultan indispensables para una exégesis católica completa.10,2

La Septuaginta, por tanto, no actúa como un simple «traslado» lingüístico: constituye un lugar de encuentro entre el mundo judío helenístico, la vida litúrgica de las primeras comunidades cristianas y la riqueza hermenéutica que la tradición eclesial heredó para leer y anunciar la Escritura.1,2

Citas y referencias

  1. versión de la Septuaginta. Enciclopedia Católica, Versión de la Septuaginta (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21
  2. Prólogo, Comisión Bíblica Pontificia. La interpretación de la Biblia en la Iglesia, 1 (1993). 2 3 4 5
  3. Ediciones de la Biblia. Enciclopedia Católica, Ediciones de la Biblia (1913). 2
  4. Manuscritos de la Biblia. Enciclopedia Católica, Manuscritos de la Biblia (1913). 2 3 4
  5. Códice Vaticano. Enciclopedia Católica, Códice Vaticano (1913).
  6. Crítica bíblica (textual). Enciclopedia Católica, Crítica bíblica (textual) (1913).
  7. Richard B. Hays. Simposio del Libro: El Futuro de la Investigación Bíblica Católica: Una Conversación Constructiva, 44 (2006). 2
  8. Capítulo 43, Agustín de Hipona. La Ciudad de Dios, 18.43 (426).
  9. Eusebio Sofrónico Jerónimo (Jerónimo de Estridón o San Jerónimo). Carta 57 - A Pammachius sobre el mejor método de traducción, 11 (395).
  10. Richard B. Hays. Simposio del Libro: El Futuro de la Investigación Bíblica Católica: Una Conversación Constructiva, 40 (2006).
Modificado el 4 de julio de 2026 • FideScore™ 8.30Citar este artículo

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