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Bilocación de Santa Liduvina de Schiedam

La tradición hagiográfica católica atribuye a Liduvina de Schiedam (siglo XV) fenómenos místicos durante sus éxtasis, descritos como comunión espiritual y «visitas» a lugares santos mientras su cuerpo permanecía en estado de postración. En la Iglesia, estos relatos se interpretan con cautela: la teología católica reconoce la posibilidad -al menos en términos metafísicos- de la bilocación como cuestión discutida, pero exige discernimiento y evaluación eclesial de la autenticidad y de sus frutos espirituales.1,2,3

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreLiduvina de Schiedam
CategoríaPersona
Fecha de Nacimiento1380-04-18
Lugar de NacimientoSchiedam, Países Bajos
Fecha de Muerte1433-04-14
SexoFemenino
ReferenciasEnciclopedia Católica, Santa Liduvina (1913)
Enseñanzas
  • Patinadores sobre hielo
  • enfermos crónicos
Eventos relacionadosBilocación (visitas espirituales a Roma, Palestina y otras iglesias)
Fecha de Beatificación14 de marzo de 1890
Personas relacionadas
  • León XIII
  • León XIII
TipoBeato
VirtudesPaciencia heroica

Tabla de contenido

Quién fue Liduvina de Schiedam

Liduvina nació en Schiedam (Países Bajos) el 18 de abril de 1380 y murió el 14 de abril de 1433.3 Su vida quedó marcada por una enfermedad prolongada iniciada durante el invierno de 1395 a raíz de una caída mientras patinaba con amigas, con una herida que evolucionó hacia gangrena y un sufrimiento creciente, sin que la medicina pudiera curarla.3,4

Desde el comienzo de su tribulación, se subraya que Liduvina fue vista por muchos como una cristiana profundamente orientada a la Virgen María y, posteriormente, configurada por una espiritualidad centrada en la Pasión de Cristo y en la Eucaristía.3,4

Qué se entiende por bilocación en la teología católica

En términos técnicos, la bilocación (del latín bis, «dos», y locatio, «lugar») se discute como un modo extraordinario de presencia en más de un lugar. La Enciclopedia Católica explica que el tema surge al comparar la fe en la Presencia real de Cristo en la Eucaristía con otras cuestiones sobre «localización» (presencia en el espacio) y distingue entre modos posibles de presencia.1

La misma fuente indica dos ideas clave:

  • Por un lado, se enseña que la bilocación corporal no es natural y, en cuanto a lo físico, se considera «prácticamente imposible» en las condiciones conocidas de la materia.1
  • Por otro lado, teólogos católicos han debatido si existiría o no una imposibilidad absoluta a nivel metafísico; en ese marco se discute también cómo interpretar ciertos relatos de santos, sin reducirlos automáticamente a fraude o alucinación.1,2

En la Enciclopedia Católica sobre la Presencia real se añade que algunos autores no descartan a priori la posibilidad de la bilocación de santos mencionada en la hagiografía, subrayando que tampoco puede considerarse siempre sin más «inverosímil» si se preserva la coherencia lógica y teológica del caso.2

Éxtasis, postración y «viajes espirituales» en la vida de Liduvina

Los relatos biográficos describen que, hacia 1407, Liduvina comenzó a tener éxtasis y visiones. En esos estados prolongados -presentados como trances catalépticos- su espíritu se describe como en comunión con Cristo, los santos y su ángel custodio.4

Roma, Palestina y otras iglesias «cercanas»

Dentro de esa espiritualidad, los textos señalan que en ocasiones su espíritu «visitaba» lugares santos como Roma y Palestina o bien iglesias cercanas.4

Importa notar que estos testimonios se formulan, de acuerdo con el uso tradicional de la hagiografía, como presencia espiritual o contemplación presencial en espíritu, más que como un informe forense de «presencia física verificable» en otro lugar. Esa diferencia conceptual es relevante al hablar de «bilocación», porque la bilocación estricta en sentido corporal es precisamente la cuestión discutida en la teología.1,2

El Calvario y el Purgatorio

Los relatos también conectan sus estados místicos con el misterio pascual: se afirma que en esos éxtasis ayudaba a Cristo a llevar la cruz en el Calvario y que se le mostraban penas del Purgatorio con una anticipación de las alegrías del Cielo.4

En consonancia con la interpretación hagiográfica, se subraya que esos privilegios espirituales no aparecen como una vía de «comodidad», sino como un aumento de sufrimiento y fidelidad a su vocación.4

¿Existe «bilocación» en sentido estricto o es un modo de lenguaje místico?

El artículo tradicional sobre «bilocación» puede inducir a confusión si se entiende como presencia corpórea y verificable en dos lugares físicos a la vez. Desde la perspectiva teológica, la Iglesia distingue entre:

  • relatos hagiográficos de hechos extraordinarios que podrían interpretarse como bilocación (en su sentido discutido), y
  • experiencias espirituales descritas como visitas en espíritu, en las que la presencia es mística y no necesariamente implica verificación externa de un cuerpo presente en otro lugar.1,2

Por ello, una redacción fiel para un encaje enciclopédico católico suele hablar de «desplazamientos en espíritu» o «viajes espirituales», explicando que la teología católica trata el tema de la bilocación como una posibilidad teórica discutida, sin imponer una conclusión automática sobre cada caso hagiográfico.1,2

Discernimiento e importancia de la Eucaristía

Un elemento constante en la vida atribuida a Liduvina es la centralidad de la Eucaristía. Los relatos señalan que, tras hacerse postrada, su alimentación acabó dependiendo en gran medida de la comunión; y que su vida espiritual se ordenó a unir sus sufrimientos con los de Cristo.4

Esa orientación eucarística ayuda a comprender por qué los testimonios insisten en la coherencia de vida y en los frutos espirituales por encima del mero espectáculo del fenómeno. La bilocación, cuando se menciona como carisma posible, no se presenta en el marco católico como un fin en sí mismo, sino como un misterio que debe juzgarse por su relación con la verdad, la santidad y la comunión eclesial.1,2

Veneración de Liduvina y aprobación eclesial

Liduvina es frecuentemente llamada «Santa» en el lenguaje devocional, pero la Enciclopedia Católica precisa que su culto recibió una sanción oficial en 1890: el 14 de marzo de 1890, León XIII concedió la aprobación eclesial de una veneración que ya existía durante siglos.3

En este contexto, es preferible describirla en un registro enciclopédico como sierva o beata/venerada cuya devoción fue oficialmente sancionada, evitando afirmar una canonización que no aparece documentada en estas fuentes.3

Patronazgo: patinadores sobre hielo y enfermos

Dado que su martirio comienza tras una caída mientras patinaba en hielo, se difundió su invocación asociada a los patinadores sobre hielo y a quienes sufren enfermedades crónicas o males corporales prolongados.5,3

En línea con el modo habitual de escribir en una enciclopedia católica, conviene formularlo como patronazgo devocional («invocada como patrona») ligado a su historia, más que como un decreto técnico de patronazgo, salvo que existiera una fuente oficial equivalente a una declaración litúrgica expresa.5

Fuentes biográficas y transmisión del relato

Los testimonios tradicionales sobre su vida -incluyendo sus éxtasis y su influencia espiritual- se apoyan en biografías y compilaciones tempranas. Se menciona, entre otros, que su vida y la devoción posterior fueron difundidas por autores como Juan Brugmann y Tomás a Kempis.3

La Enciclopedia Católica recoge además rasgos hagiográficos relevantes (como las «visitas» en espíritu y el discernimiento sobre el carácter de sus visiones), situando el relato dentro de una recepción eclesial de largo recorrido.3,4

Significado teológico y devocional

En lectura católica, la figura de Liduvina se entiende como un ejemplo de paciencia heroica y de participación espiritual en el misterio de la Pasión. Sus sufrimientos prolongados, descritos con detalle en las fuentes, aparecen integrados en una vida de oración centrada en Cristo y sostenida por la Eucaristía.3,4

En ese marco, los «viajes» o «desplazamientos» descritos durante los éxtasis se interpretan como un lenguaje místico que apunta a una comunión profunda con Dios y a una solicitud por la Iglesia y las almas; y, teológicamente, encajan en el ámbito donde la bilocación se discute como posibilidad sin reducir todo lo extraordinario a una sola explicación física.1,2,4

En suma, la «bilocación» atribuida a Santa Liduvina de Schiedam debe presentarse con precisión conceptual: como fenómenos místicos relatados en la hagiografía, interpretados con el método católico de discernimiento, y con una aprobación eclesial del culto en 1890 por León XIII.3,1,2

Citas y referencias

  1. Bilocación. Enciclopedia Católica, Bilocación (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  2. La presencia real de Cristo en la Eucaristía. Enciclopedia Católica, La presencia real de Cristo en la Eucaristía (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9
  3. Santa Lidwina. Enciclopedia Católica, Santa Lidwina (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  4. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Tomo II, 100 (1990). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  5. Patinadoras - Lidwina, Magisterio IA. Santos patronos en la Iglesia Católica, Patinadoras (2024). 2
Modificado el 29 de junio de 2026 • FideScore™ 7.88Citar este artículo

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