En el Catecismo, la blasfemia se presenta como opuesta directamente al segundo mandamiento: prohíbe el uso impropio del nombre de Dios.1 En concreto, la blasfemia incluye:
- Palabras de odio, reproche o desafío dirigidas contra Dios, tanto interiormente como exteriormente.1
- Hablar mal de Dios, faltar al respeto en el modo de hablarle o hacer mal uso de su nombre.1
El Catecismo indica, además, que la prohibición se extiende al lenguaje ofensivo contra la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas sagradas, y que también es blasfemia emplear el nombre de Dios para encubrir prácticas criminales, o para causar servidumbre, tortura o muerte.1
A nivel bíblico, se recoge la condena de quienes blasfeman el nombre de Jesús.1


