Lo bello como bien percibido (Tomás de Aquino)
Un punto clave del fundamento clásico es que, para Santo Tomás de Aquino, la belleza y la bondad se identifican «fundamentalmente», pues «se basan en lo mismo», aunque se distinguen lógicamente por su referencia:
- el bien se ordena al apetito (lo que «todos desean»);
- la belleza se ordena a la facultad cognoscitiva, porque «las cosas hermosas son las que agradan al ser vistas».,
Además, el mismo razonamiento indica que la belleza consiste en la proporción debida: los sentidos se deleitan en lo adecuadamente proporcionado «porque es de su especie», y la percepción estética se vincula a un modo de conocimiento.
En esta línea, la Via Pulchritudinis no presupone que la belleza sea un «atajo» mágico hacia Dios, sino que reconoce que la belleza implica forma, orden y proporción, y por eso puede movilizar la mente y el corazón hacia la verdad y el bien.,
La belleza como puerta hacia la verdad y el bien
El Catecismo afirma que la belleza no es ajena a la verdad: «la verdad es hermosa en sí misma», y la verdad puede encontrar formas complementarias de expresión «cuando se trata de evocar lo que está más allá de las palabras», como el misterio de Dios.
Por eso, la belleza auténtica no compite con la fe: la acompasa y la hace inteligible, permitiendo que el misterio se perciba también como gozo, esplendor y atracción.,