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Canon Alejandrino

El canon alejandrino designa, en la historia de la formación del canon bíblico, el modo en que comunidades cristianas y judías de Alejandría recibieron, leyeron y transmitieron los libros sagrados, especialmente mediante la Septuaginta y la tradición exegética de autores como Orígenes y Eusebio de Cesarea. Este influjo ayudó a consolidar el alcance del Antiguo Testamento cristiano y a orientar, dentro del ámbito oriental, el reconocimiento gradual de escritos del Nuevo Testamento hasta el establecimiento del canon católico definitivo.

Canon Alejandrino
Ver información de la imagenpágina de título T.3. Dominio Público.
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NombreCanon alejandrino
CategoríaTérmino
DescripciónUso particular de la tradición oriental alexandrina para la formación del canon bíblico. Modo en que comunidades cristianas y judías de Alejandría recibieron, leyeron y transmitieron los libros sagrados, sobre todo mediante la Septuaginta y la exégesis de Orígenes y Eusebio de Cesarea. El canon alejandrino no constituye un decreto único, sino la práctica de ciertas comunidades orientales vinculadas a Alejandría que, a través de la Septuaginta y la obra de patristas como Orígenes y Eusebio, atribuyeron rangos de recepción a los escritos del Antiguo y Nuevo Testamento, influyendo en la posterior consolidación del canon católico
Contexto HistóricoTarde Antigüedad; tradición cristiana y judía helenística de Alejandría, antes del cierre definitivo del canon en los concilios de Hipona (siglo IV) y Trento (siglo XVI).
Importancia HistóricaDemostró que la Iglesia no redujo el canon a una mera preferencia textual, sino que lo reconoció como Escritura viva dentro de la liturgia y la doctrina, preparando el terreno para el consenso conciliar posterior.
InfluenciaContribuyó a la clasificación de los escritos del Nuevo Testamento por Orígenes (homologoumena y antilegomena) y a la aceptación gradual de los deuterocanónicos, influyendo en la definición conciliar del canon católico en Trento.
PeriodoTarde Antigüedad
TipoTérmino teológico, IV

Tabla de contenido

Significado histórico del «canon alejandrino»

En el ámbito académico, «canon alejandrino» no funciona como un decreto único y uniforme, sino como una descripción del uso propio de ciertos cristianos de tradición oriental vinculada a Alejandría. En la Antigüedad tardía, diferentes regiones manejaron listas y colecciones con ritmos diversos; la Iglesia cerró después su canon mediante el consenso eclesial y la práctica constante.1

Ese proceso muestra un rasgo decisivo: la Iglesia no redujo el canon a una mera preferencia textual, sino que reconoció la Escritura recibida en la vida litúrgica y doctrinal.1

Antiguo Testamento en Alejandría: la Septuaginta y los deuterocanónicos

Alejandría como centro de transmisión griega

La Septuaginta sirvió como «vehículo» que llevó las Escrituras adicionales a la Iglesia, porque esa traducción fue la Biblia de los judíos helenistas cuyo centro intelectual y literario estaba en Alejandría.2

Los manuscritos griegos más antiguos conservados reflejan el Antiguo Testamento tal como se usaba en el judaísmo helenista inmediatamente anterior a Cristo, con variaciones en algunos contenidos fuera del «canon palestinense».2

Libros añadidos respecto al canon hebreo

La diferencia más llamativa entre la Biblia católica y la Biblia protestante está en la presencia, en la Biblia católica, de escritos ausentes en el canon hebreo. La tradición católica los identifica como deuterocanónicos e incluye, entre otros, Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, y los dos Macabeos, además de adiciones dentro de libros protocanónicos (como suplementos a Ester y secciones añadidas a Daniel).2

El testimonio histórico describe también el trasfondo lingüístico de estos escritos: Tobías y Judit nacen originalmente en arameo (posiblemente en hebreo), Baruc y 1 Macabeos se relacionan con hebreo, mientras Sabiduría y 2 Macabeos se compusieron ciertamente en griego.2

Grado de autoridad y recepción en el mundo alejandrino

En los usos alejandrinos, los materiales adicionales no aparecen como apéndices sin relieve: la tradición manuscrita griega rompe el orden hebreo tradicional intercalando literatura adicional entre libros «fuera de la Ley», lo que transmite una igualación notable de rango y privilegio para esos escritos.2

Con todo, el debate histórico reconoce matices: en el ámbito alejandrino judío los deuterocanónicos tendieron a ocupar un grado distinto de sacralidad respecto a la porción más antigua y estable del canon hebreo (especialmente Ley y Profetas).2

En el plano cristiano, la Iglesia llegó a adoptar un canon de libros judíos más amplio que el hebreo.3

Nuevo Testamento: la tradición alejandrina y los escritos discutidos

Orígenes: clasificación de libros y horizonte alejandrino

Orígenes, en la tradición alejandrina, organizó los escritos del Nuevo Testamento en categorías según su recepción, y esa clasificación marcó el horizonte exegético del área. Una tradición histórica resume su postura así: Orígenes situó los escritos con reconocimiento amplio (los homologoumena) junto a otros que generaban debate (los antilegomena, relacionados con los escritos de recepción más disputada).4

En esa visión, los homologoumena incluyen los cuatro Evangelios, las trece epístolas paulinas, los Hechos y el Apocalipsis, además de 1 Pedro y 1 Juan.4

Respecto a los escritos disputados, la tradición histórica explica que Orígenes los valoró de manera amplia en su uso, y la recepción alejandrina acabó fijando firmemente en ese ámbito ciertas cartas antes discutidas.4

Eusebio de Cesarea: continuidad con matices

Eusebio de Cesarea mantuvo una división parecida en categorías (por ejemplo, homologoumena y antilegomena). Su esquema incluye Hebreos dentro de los libros de recepción amplia, aunque él mismo reconoce en otros lugares su condición discutida; además, coloca los escritos disputados en una categoría propia.4

Eusebio no trató el canon como un listado ya cerrado en sentido definitivo, sino como un conjunto de libros con grados de recepción y debate todavía vivos dentro del mismo mundo oriental.4

Del ámbito alejandrino al reconocimiento eclesial

En el recorrido global de la Iglesia, la formación del canon del Nuevo Testamento conoció vacilaciones: el reconocimiento universal se alcanzó para un núcleo estable (los cuatro Evangelios, Hechos, trece epístolas paulinas, y la recepción de otros escritos con diferencias de tiempo y alcance), mientras que existieron dudas sobre Hebreos, las epístolas católicas y el Apocalipsis según algunas listas antiguas.5

El Concilio de Hipona (a finales del siglo IV) fijó el canon del Nuevo Testamento sobre la base del consenso general de las Iglesias, y el Concilio de Trento confirmó esa definición.5

Relación con el canon católico definitivo

Criterio de recepción constante

La Iglesia cerró su canon al reconocer los libros como inspirados a partir de la práctica constante y la recepción eclesial. Esa recepción permitió a la Iglesia conservar memoria auténtica de los orígenes cristianos y mantener un canon más amplio que el hebreo en el Antiguo Testamento.1

El cierre del canon del Antiguo Testamento

La formulación definitiva católica del canon del Antiguo Testamento aparece en la enseñanza conciliar de Trento. El decreto enumera los libros protocanónicos y deuterocanónicos, incluyendo, entre otros, Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, 1 y 2 Macabeos, y los profetas con Daniel y los Doce Profetas menores.6

Trento y la consolidación total del canon del Nuevo Testamento

Trento fijó el conjunto del Nuevo Testamento de veintisiete libros, integrado en la vida de la Iglesia con reconocimiento universal y confirmado por la definición conciliar.5

Comparación con otros ámbitos

La historia muestra divergencias regionales, sobre todo en el Antiguo Testamento. En general, el ámbito alejandrino se vinculó a la Septuaginta, mientras que el canon hebreo restringido se consolidó más tarde y limitó la inclusión de los deuterocanónicos.1

ÁmbitoAntiguo TestamentoNuevo Testamento
Tradición alejandrina (Septuaginta)Incluye los libros deuterocanónicos (p. ej., Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, 1-2 Macabeos y adiciones a algunos libros).2Recibe los libros con ritmos de fijación distintos; Orígenes y Eusebio mantienen categorías de recepción y debate.4
Canon hebreo palestinenseOmite los deuterocanónicos, por la fijación posterior y más restrictiva del canon hebreo.1-
Canon católicoMantiene un canon más amplio del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento de 27 libros, reconocido por la Iglesia.1,527 libros.5

Legado patrístico y relevancia para la exégesis

La tradición alejandrina sigue siendo un punto de referencia histórico para comprender cómo la Iglesia primitiva leyó las Escrituras en contextos culturales distintos: la Septuaginta actuó como Biblia de los helenistas y condujo a la Iglesia al conjunto de libros más amplio del Antiguo Testamento; la reflexión de Orígenes y el juicio de Eusebio orientaron la recepción gradual del Nuevo Testamento hasta el cierre conciliar del canon.2,4,5

En la praxis litúrgica, la Iglesia integró los deuterocanónicos con amplia frecuencia, hasta formar un consenso duradero en las tradiciones griega y latina.3

Citas y referencias

  1. I. - Las Sagradas Escrituras del pueblo judío son una parte fundamental de la Biblia cristiana - E. La ampliación del canon de la Escritura - III. Formación del canon cristiano, Comisión Bíblica Pontificia. El Pueblo Judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia Cristiana (24 de mayo de 2001), 18 (2002). 2 3 4 5 6
  2. Canon del Antiguo Testamento. Catholic Encyclopedia, Canon del Antiguo Testamento (1913). 2 3 4 5 6 7 8
  3. Parte tres - Lectura del Antiguo Testamento tus palabras se convirtieron en para mí una alegría y el deleite de mi corazón. (Jeremías 15:16), Conferencias Episcopales de Inglaterra y Gales, y de Escocia. El Don de la Escritura, 26 (2005). 2
  4. Canon del Nuevo Testamento. Catholic Encyclopedia, Canon del Nuevo Testamento (1913). 2 3 4 5 6 7
  5. Primera parte, Comisión Bíblica Pontificia. La Inspiración y Verdad de la Sagrada Escritura, 61 (2014). 2 3 4 5 6
  6. Concilio de Trento 1545-1563 - Ecuménico XIX (contra novatores siglo XVI) - Sesión IV (8 de abril de 1546) los libros sagrados y las tradiciones de los apóstoles son aceptados, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las Fuentes de la Dogma Católica (Enchiridion Symbolorum), 1502 (1854).
Modificado el 4 de julio de 2026 • FideScore™ 7.12 • 231 visitas • Citar este artículo

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