La Capilla Sixtina se entiende mejor cuando se contempla desde la liturgia. Benedicto XVI, al celebrar las primeras vísperas con motivo del 500.o aniversario de la inauguración del techo, describió la capilla como un lugar donde los frescos encuentran su «entorno vital»: en la acción litúrgica, «la armonía» de las figuras «cobra vida» y revela plenamente el sentido de su belleza.
Paredes laterales: Moisés y Cristo
Los frescos de las paredes laterales fueron ejecutados entre 1481 y 1483 por maestros florentinos y umbros.
El ciclo está organizado en dos series que actúan como prototipos bíblicos: en el lado izquierdo aparecen escenas de la vida de Moisés; en el derecho, escenas de la vida de Cristo. El recorrido arranca en torno al altar mayor y avanza hasta el encuentro con la puerta de entrada.
El encargo reúne a numerosos artistas: entre los colaboradores se mencionan Perugino, Pinturicchio, Botticelli, Ghirlandaio, Cosimo Rosselli, Luca Signorelli y otros.
El techo (bóveda) de Miguel Ángel
La bóveda es la obra cumbre atribuida a Miguel Ángel Buonarroti, realizada por encargo del papa Julio II, entre 1508 y 1512, en un periodo aproximado de cuatro años.
La lectura litúrgica y teológica de la bóveda conecta el mensaje bíblico con la historia de la salvación. Benedicto XVI interpreta el conjunto como un itinerario de luz, liberación y salvación, y sitúa el eje narrativo en la relación de Dios con la humanidad, desde la Creación hasta la plenitud prometida.
El mismo papa afirma que el techo muestra con intensidad expresiva que el mundo no procede de «oscuridad, azar o sinsentido», sino de una inteligencia y libertad, y de un acto supremo de amor.
Además, Benedicto XVI recoge una formulación atribuida a Vasari: la bóveda habría sido «la lucerna» del arte, capaz de iluminar el mundo.
El Juicio Final
La pared del altar está dominada por el Juicio Final, descrito como la culminación del recorrido humano hacia el desenlace definitivo de la historia.
Benedicto XVI vincula la escena con la esperanza: el fondo azul del «cielo» y el manto de la Virgen María aportan luz a la visión, incluso en su dramatismo.
En la misma celebración, Benedicto XVI presenta el Juicio Final como un mensaje que, manteniendo la seriedad del juicio, incluye la figura intercesora de María junto a Cristo Redentor.