El término «católicas» se explica por su alcance: estas cartas fueron «dirigidas no a una persona o iglesia particular, sino a los fieles en general, a la manera de una carta encíclica».1
Además, aunque las dos epístolas de san Juan tienen destinatarios personales, «también se las llama católicas» por su modo de transmisión y su lugar dentro del conjunto que la Iglesia siempre ha agrupado como «epístolas católicas».1
La tradición antigua recoge explícitamente el número y la identidad de estas cartas: «Santiago, Pedro, Juan y Judas publicaron siete epístolas» y la costumbre eclesiástica las denomina católicas (esto es, universales).2


