Planta, cabecera y organización interior
El conjunto catedralicio presenta una cruz latina con:
- Tres naves y transepto amplio.
- Coro de cinco naves y cabecera con capillas.
Sobre la arcada lateral corre el triforio y, por encima, el edificio abre grandes ventanales ojivales con vidrieras de gran valor. La catedral organiza la luz como parte del lenguaje arquitectónico, no como elemento accesorio.
Detrás del altar central se conserva el mausoleo de Ordoño II, un punto de referencia espacial y devocional en el eje litúrgico del templo.
Sepulcros y capillas principales
La catedral concentra memoria histórica en capillas concretas:
- En el lado del Evangelio, figura el sepulcro de San Alvitus.
- En el lado de la Epístola, se encuentra el sepulcro de Don Pelayo, obispo.
- En la capilla del Salvador, se documenta la presencia de la condesa Sancha.
- En la capilla de la Natividad, aparece el sepulcro del obispo Rodrigo.
Estos espacios vinculan la arquitectura con la memoria de personas santas y eclesiásticas que articularon la vida de la diócesis.
Exterior: torres, portada y simbolismo mariano
El exterior se impone por dos torres de altura desigual, reforzadas con arbotantes, pináculos, contrafuertes y soportes estructurales. Ambas torres se elevan desde la base del edificio y conectan con la fábrica mediante elementos de refuerzo.
La torre norte, de menor altura, remata con un parapeto y una aguja octogonal. La torre sur, más alta y ornamentada, conserva una aguja octogonal de gran calidad calada.
En la torre sur aparecen inscripciones en caracteres góticos, con invocaciones cristológicas y marianas, entre ellas fórmulas como:
- María-Jesús Xps-Deus homo
- Ave María-Gratia plena-Dns tecum
La fachada incorpora un pórtico triple con tres arcadas correspondientes a tres accesos. En el pilar que divide el portal central se sitúa la imagen de la Virgen conocida como «la Blanca». Esta presencia une escultura, tipología de accesos y centralidad devocional.
Claustro
El claustro presenta una transición entre estilos: combina rasgos góticos con soluciones propias del Renacimiento, de modo que el recinto funciona como «puente» entre etapas constructivas.