La Catedral de Sevilla tiene su punto de partida en la gran mezquita asociada a la Aljama de la ciudad. Los textos históricos sitúan la reconstrucción almohade en 1171, a cargo del emir almorávide/almohade Yusuf-ben Yacub, y relacionan el origen de la célebre Giralda con Almanzor.1
Tras la reconquista de Sevilla, el rey Fernando III toma la ciudad el 23 de noviembre de 1248. El obispo de Córdoba, Gutierre de Olea, purifica la gran mezquita y la prepara para el culto divino el 22 de diciembre. En ese proceso, la comunidad cristiana organiza la vida litúrgica y el nuevo marco eclesial para la ciudad.1
El capítulo catedralicio organizó la orientación y el orden litúrgico aprovechando la estructura existente: la conversión del espacio musulmán en sede cristiana toma la anchura de la mezquita como longitud de la nueva iglesia y divide el ámbito en dos partes, reservando una sección para la capilla real.1



