Aunque el grupo vive sobre todo de su memoria devocional, algunas figuras ofrecen detalles particularmente trabajados en la tradición.
San Vito: de «la danza» a la intercesión
La asociación de san Vito con los movimientos involuntarios aparece ligada a la expresión tradicional medieval «danza de san Vito», atribuida a un trastorno neurológico caracterizado por sacudidas y movimientos involuntarios. En ese contexto, muchas personas acudían en oración a san Vito para pedir curación. Con el paso del tiempo, la devoción vinculó al santo no solo a ese cuadro concreto, sino también a quienes trabajaban con el movimiento y el escenario: bailarines y actores, y además a quienes padecían epilepsia.
San Cristóbal: patrono del viaje y la protección
La veneración de san Cristóbal se consolidó con formas muy visibles en la cultura religiosa popular: su imagen aparece en lugares de paso (puertas de iglesias y viviendas, y con frecuencia en puentes). A menudo circuló la inscripción devocional: «Quien contempla la imagen de san Cristóbal no desfallecerá ni caerá el día de ese contemplar».
Esa práctica encaja con su función en la devoción: Cristóbal protege a quienes viajan y ayuda en situaciones de riesgo, incluyendo tormentas y otros peligros asociados a la vida cotidiana.
San Ciriaco (Ciriacus): martirio y consolidación del culto
La tradición relativa a san Ciriaco y sus compañeros incluye un relato que la crítica histórica describe como legendario en su forma: el contenido narrativo presenta elementos que no se consideran con valor histórico estricto. Sin embargo, la veneración de Ciriaco como mártir auténtico encuentra apoyo en el testimonio antiguo: la tradición conecta su honor con el Depositio Martyrum de 354.
El culto en Roma conservó su memoria y, con el tiempo, surgieron confusiones entre figuras con nombres semejantes. Aun así, Ciriaco mantuvo un puesto firme en la devoción: su memoria se vinculó a la traducción de los cuerpos y a lugares de culto con el nombre del mártir.