Claudia Prócula recibe el nombre de Prócla en relatos hagiográficos y apócrifos. La tradición la presenta como mujer piadosa y como testigo cercano del drama de la crucifixión, vinculándola a la conversión y a la fidelidad en el momento en que Pilato intervino en el proceso contra Jesús.1,2
En algunos ambientes devocionales se confundió su figura con otras mujeres llamadas Claudia mencionadas en el Nuevo Testamento, por lo que la Iglesia distingue con cuidado los distintos nombres.3



