Bari se asentaba en Apulia, en el sur de Italia, como ciudad portuaria abierta al Oriente. En la larga duración, la historia eclesiástica local reflejó esa cercanía geográfica con el mundo bizantino. La tradición local atribuía a san Pedro la predicación allí y la consagración del primer obispo, aunque la historia no ofrece datos tempranos firmes sobre el inicio del cristianismo en la ciudad.1
En la organización eclesiástica, los obispos de Bari dependieron del patriarcado de Constantinopla durante buena parte del tiempo; esa dependencia se extendió hasta el siglo X, y las conexiones con Oriente se cortaron finalmente en el siglo XI, cuando Bari pasó a depender directamente de Roma.1
Influencia bizantina y latinización del rito
El cambio hacia Roma no fue un mero gesto administrativo: afectó a la vida litúrgica y a la disciplina eclesiástica. El paso decisivo aparece ligado a la acción del obispo Giovanni II, que rechazó las prescripciones del patriarca sobre puntos litúrgicos, y consolidó así la ruptura de la conexión con Oriente.1
El proceso de latinización en el sur de Italia avanzó con ritmos distintos según los lugares. En algunas zonas subsistieron comunidades y clero de rito griego durante siglos, y la influencia bizantina condicionó la historia local aun cuando el ámbito católico latino ganaba terreno.2


