La profesión de Toledo II también delimita con claridad la fe cristológica. Rechaza interpretaciones que terminan en una mezcla o confusión de realidades divinas y humanas en Cristo.
Rechazo de la «una naturaleza» entre divinidad y humanidad
El texto anatematiza a quien diga o crea que en Cristo existe una sola naturaleza que reúna la divinidad y la humanidad en una única realidad.
El objetivo teológico reside en preservar:
- la identidad de la divinidad del Hijo;
- la realidad de la humanidad asumida;
- la unidad personal del Verbo encarnado.
En la tradición doctrinal católica, esa unidad se expresa mediante el concepto de unión hipostática: Cristo es uno, verdadero Dios y verdadero hombre, sin confusión de naturalezas. La formulación de Constantinopla II lo resume con fuerza al enseñar que la unión en Cristo no convierte una naturaleza en la otra.
El sufrimiento del Hijo: distinción entre naturaleza divina y humana
Toledo II incluye un anatema decisivo: condena a quien afirma que el Hijo de Dios, «como Dios», sufrió.
Esta condena encaja con la doctrina católica clásica de la inmutabilidad y la impasibilidad de la divinidad: la pasión pertenece al verdadero hombre que el Verbo asume; la persona del Hijo sufre en la carne, sin que la divinidad deje de ser divina. El texto, por tanto, protege la fe en el Dios vivo y la realidad concreta de la redención.