Elección de obispos y abades y presencia del emperador (Alemania)
El privilegio papal estableció que las elecciones de obispos y abades en el reino de los teutónicos (la parte alemana del imperio) debían celebrarse en presencia del emperador y con garantías contra las malas prácticas: sin simonía y sin violencia.
Si surgían discrepancias entre los electores, los obispos metropolitanos y los de la provincia debían juzgar; el emperador debía asentir y auxiliar a la parte «más justa» (saniori parti).
Entrega de las regalías temporales por el cetro
El acuerdo vinculó la autoridad temporal a un acto distinto del espiritual. El elegido recibiría las regalías (derechos y posesiones temporales del oficio) por medio del cetro, sin exigir pago (absque omni exactione).
En las regiones fuera de Alemania, la norma cambió en el orden de los actos: el candidato ya consagrado recibiría las regalías dentro de seis meses, igualmente mediante el cetro, sin exacciones.,
Excepción de los asuntos propios de la Iglesia romana
El privilegio papal incluyó una excepción: el emperador no debía intervenir en lo que pertenecía con claridad a la Iglesia romana (los territorios y derechos propios del papado).,
Renuncia imperial a la investidura por anillo y báculo
El precepto de Enrique V formuló la parte más conocida del acuerdo: el emperador renunció a «toda investidura por anillo y báculo» y admitió para todas las iglesias de su dominio la elección canónica y la consagración libre.,
Esta renuncia atacaba el núcleo simbólico de la investidura laica, al reservar el significado espiritual a la Iglesia y separar el acto eclesiástico de conferimiento del poder temporal.,,
Compromisos de restitución, paz y ayuda
Enrique V prometió restaurar las posesiones y regalías de san Pedro -incluidas las sustraídas desde el inicio del conflicto, tanto en tiempos de su padre como en los suyos-, así como ayudar a restablecer lo que no tuviera en su poder.
Además, el emperador prometió restituir posesiones de otras iglesias, príncipes y personas -eclesiásticas y laicas- dañadas durante la «guerra» del conflicto, y ofreció paz verdadera al papa y a la Iglesia romana. También se comprometió a prestar ayuda fiel cuando la Iglesia romana formulara reclamaciones y a hacer justicia a partir de las quejas presentadas.,