Orígenes en la Francia revolucionaria
El fundador, Pierre-Joseph Coudrin, nació en Coursay-les-Bois (Poitou, Francia) el 1 de marzo de 1768. La persecución revolucionaria contra el clero dispersó la formación sacerdotal en Poitiers, donde Coudrin se preparaba. Al conocer que el obispo Mgr de Bonald confirió órdenes en París, el joven siguió el camino hacia la capital y recibió la ordenación sacerdotal el 4 de marzo de 1792 en una biblioteca, ya que los revolucionarios habían ocupado el lugar habitual de culto.
Tras la ordenación, Coudrin regresó, pero la violencia de la persecución lo obligó a vivir en la clandestinidad. Trabajó disfrazado en las diócesis de Poitiers y Tours, y reunió en torno a sí a un pequeño grupo dispuesto a impulsar la devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y de María y a sostener obras de caridad. La vida religiosa tomó forma de manera plena cuando, en la noche de Navidad de 1800, Coudrin hizo votos religiosos dedicándose enteramente al amor de los Sagrados Corazones.,
En 1805, el fundador adquirió casas deterioradas en la calle de Picpus (París). Allí se estableció la comunidad y se inició un colegio para la formación de jóvenes y un seminario para la preparación eclesiástica.
Aprobación e impulso de la misión
La Congregación recibió aprobación pontificia a lo largo de un proceso progresivo: Pío VII en 1817, León XII en 1825 y Gregorio XVI en 1840. En estos actos aparece el nombre completo con la referencia a la adoración perpetua del Santísimo Sacramento del Altar.
El impulso misionero se consolidó cuando la Santa Sede confió a los Picpus la evangelización de los Sándwich (en el Pacífico), conocidas entonces como islas Sándwich (actual Hawái). En 1826 zarpó el primer grupo de misioneros con el fin de llevar la fe a los habitantes.
La expansión continuó en 1833, al encomendar Roma los archipiélagos del Pacífico oriental hacia Gambier; algunos misioneros abrieron casas en Perú y Chile. Tras la muerte del fundador en 1837, la misión se extendió a las islas Marquesas.
Unidad entre la rama masculina y la rama femenina
San Juan Pablo II describió un rasgo decisivo del nacimiento del instituto: hombres y mujeres forman una sola Congregación, unidos por un mismo carisma, una misma espiritualidad y una misma misión, aun manteniendo estructuras de gobierno propias en cada rama.
En esa misma línea, el Papa evocó el papel de la Madre Henriette Aymer de la Chevalerie, asociada al origen del instituto, cuyo testimonio incluyó sufrimiento por encarcelamiento debido a su ayuda para ocultar sacerdotes en los años turbulentos de la Revolución.