Orígenes del rito exorcista
El poder de exorcizar que la Iglesia posee se remonta a los Evangelios, donde Jesús expulsó demonios y confirió a sus apóstoles la autoridad para hacerlo (cf. Mt 8, 28-34). Con el paso de los siglos, la práctica quedó recogida en el Rituale Romanum y, tras el Concilio Vaticano II, se revisó para responder a los retos pastorales contemporáneos. La versión de 1998 incorpora una mayor claridad teológica y pastoral, subrayando la victoria de Cristo sobre el mal y la necesidad de discernimiento médico-psicológico previo1.
Publicación y autoridad normativa
El texto fue emitido por la Congregación para el Culto Divino y aprobado por el Papa Juan Pablo II. Su contenido está respaldado por el canon 1172 del Código de Derecho Canónico, que exige permiso expreso del obispo local para cualquier exorcismo mayor2. Desde entonces, el rito constituye la referencia obligatoria para los exorcistas designados en todo el mundo.


