Corrupción humana y decisión divina
Génesis presenta una situación moral extrema: la tierra queda «corrompida» y llena de «violencia», hasta el punto de que «todo ser viviente» ha corrompido «sus caminos». Dios juzga esa realidad y decide poner fin a «toda carne» sobre la tierra, sin excluir animales y aves.1,1
En medio del desastre, Dios no abandona a la humanidad: Noé halla «favor» ante Dios. Génesis lo describe como «justo» e «íntegro» en su generación y lo sitúa en una relación de caminar con Dios.1
Construcción del arca y entrada en ella
Dios manda a Noé construir un arca con madera de ciprés, disponer espacios y sellarla por dentro y por fuera con brea. También fija sus dimensiones y su estructura con distintos niveles y una puerta en el costado.1
Dios ordena que entren Noé, su esposa, sus hijos y las esposas de sus hijos, y que introduzcan animales de cada tipo «para conservarlos con vida».1
La inundación: lluvia, aguas y duración
Cuando llega el momento, Dios ordena entrar en el arca porque «he visto que tú solo eres justo» entre su generación. Génesis subraya el carácter universal de la acción del juicio: el diluvio cae sobre la tierra y la lluvia durará cuarenta días y cuarenta noches.2
El texto relaciona el inicio con la apertura de «las ventanas del cielo» y el estallido de las fuentes del «gran abismo», y afirma que el agua crece con potencia hasta cubrir incluso «los montes altos» bajo todo el cielo. Al final, «todo ser con aliento de vida» muere, y sólo quedan Noé y los que están con él en el arca.2,2
Génesis completa el dato cronológico: las aguas aumentan y la inundación se prolonga durante ciento cincuenta días.2
Salida del arca y repoblación del mundo
Tras el diluvio, Noé y su familia salen del arca con sus hijos: Shem, Cam y Jafet. Génesis relaciona esa salida con el comienzo de la historia de las naciones, ya que «desde estos» se repuebla la tierra.3,5

