Fundación de Plasencia y erección de la sede
La ciudad de Plasencia fue fundada por Alfonso VIII en el lugar de Ambroz, tras la conquista a los musulmanes. El rey le dio el nombre de Placentia, con el sentido de que alcanzara «agrado a Dios y a los hombres» (ut Deo placeat et hominibus), y buscó establecer allí una sede episcopal, que el papa Clemente III concedió en 1189.
La tradición histórica vincula a la erección y consolidación del obispado el entorno del final del siglo XII y los primeros años del XIII: en 1190 la sede estuvo ocupada por Bricio, y después le sucedió Domingo, natural de Beja (falleció en 1211).
Los primeros obispos: misión pastoral y acción histórica
La figura de Domingo aparece ligada a un perfil de gobierno que, además de su tarea pastoral, estuvo marcado por la realidad militar de su tiempo: participó en los hechos vinculados a Las Navas de Tolosa y dirigió acciones en el entorno peninsular, con conquistas de localidades como Priego, Doja y otras.
Domingo también intervino en el ámbito eclesial universal: asistió al Concilio Lateranense IV (1215) junto al arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada, actuando como vicario cuando el arzobispo fue legado en España.
Tras su muerte en 1235, sucedió a Domingo Adán, tercer obispo de Plasencia, que acompañó a san Fernando en la conquista de Córdoba; allí, los obispos consagraron la mezquita como catedral cristiana.
Gobierno diocesano y consolidación
Los obispos que siguieron dedicaron su tarea sobre todo al gobierno de la diócesis. Un ejemplo de relación entre autoridad civil y eclesiástica aparece en la participación de un obispo en las Cortes de 1288, donde se confirmaron privilegios ya otorgados a Plasencia.
El desarrollo institucional incluyó la atención a las estructuras catedralicias, la vida parroquial y la organización formativa del clero, con obras que dejaron huella en el tiempo.