La Iglesia católica entiende la diócesis como una porción del Pueblo de Dios encomendada a un obispo para que la pastoree con la cooperación del presbiterio, de modo que la Iglesia de Cristo exista y actúe realmente en la vida concreta de ese territorio.1
En el plano jurídico, el obispo diocesano gobierna la Iglesia particular con potestad legislativa, ejecutiva y judicial, conforme al derecho.2
La diócesis de Tenerife se integra en la organización de la Iglesia latina y depende del organismo competente para obispos; su provincia eclesiástica sitúa su referencia metropolitana en Sevilla.



