El texto no nace como exhortación pastoral centrada en la paz o la reconciliación, sino como un acto jurídico-eclesiástico: Clemente XIV decide extinguir la «Sociedad» y anular su estructura, oficios y presencia institucional (casas, escuelas, colegios, hospicios) en todos los territorios donde existía.1
La decisión aparece formulada con expresiones propias de una supresión eclesiástica:
«Con madura determinación, con ciencia cierta y con la plenitud de la potestad apostólica, extinguimos y suprimimos la ya mencionada Sociedad, y anulamos y abolimos todos y cada uno de los oficios... y cualquier otro lugar...».1
Además, Clemente XIV fija una consecuencia jurídica interna: declara la abolición perpetua de toda autoridad perteneciente a los superiores de la Compañía (preposito general, provinciales, visitadores y otros).1

