El don de ciencia no reduce la inteligencia a un mero cálculo, ni limita el conocimiento a los solos datos experimentales. Este don dispone la mirada interior para captar qué lugar ocupa el mundo creado en el designio de Dios: la razón descubre con rigor las leyes de la realidad; la fe revela su origen, su orientación y su destino. La Iglesia enseña que Dios concede a la mente humana la luz de la razón y que fe y razón comparten la misma fuente de verdad.1,3
Desde esta perspectiva, el don de ciencia sostiene una actitud intelectual doble:
