Sabiduría como gracia sobrenatural
La tradición eclesial presenta el don de sabiduría como parte del dinamismo con el que el Espíritu Santo vivifica el interior del creyente y lo vuelve apto para acoger con docilidad las inspiraciones divinas.2,4
El Catecismo enumera los siete dones del Espíritu Santo con estos términos: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor del Señor.1
No es mera «sabiduría humana»
El don de sabiduría no equivale a cultura, inteligencia técnica o experiencia acumulada. El Espíritu no se limita a ampliar conocimientos, sino que concede una manera nueva de percibir la realidad. El Papa Francisco lo explica con claridad: no se trata de «sabiduría» fruto solo del conocimiento y del bagaje personal, sino del don que capacita para verlo todo «con los ojos de Dios».3
Por eso, la sabiduría cristiana se reconoce en una forma específica de conocer y orientar la vida: el creyente llega a discernir cuándo algo pertenece a Dios y cuándo no, y aprende a juzgar y dirigir con criterio iluminado por Dios.5
