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Edicto de Milán

El Edicto de Milán (conjunto de disposiciones promulgadas en el año 313) estableció una política imperial que concedió a los cristianos -y a todos los ciudadanos-libertad para profesar la religión que eligieran, poniendo fin a la persecución estatal y abriendo un período conocido como la «Paz de la Iglesia».1

Edicto de Milán
Ver información de la imagenEdicto de Milán La Biblioteca Británica, primera mitad del siglo XVI, Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica (TLG 2018.002; PG 20.45; CPG 3495), ff 2r-344r. Imperfecto, con varias lagunas y expl. πᾶσαν ὑπερβολὴν. Dominio Público.
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreEdicto de Milán
CategoríaObra
DescripciónConjunto de disposiciones promulgadas en 313 que otorgó libertad religiosa y devolvió propiedades a la Iglesia
AutorConstantino y Licinio
ContenidoConcedió libertad para seguir la religión elegida a cristianos y a todos los ciudadanos; ordenó la restitución de los bienes eclesiásticos confiscados.
Contexto HistóricoPaso de la persecución estatal de los cristianos a una política de tolerancia tras las fallidas persecuciones de Diocleciano y el edicto de Galerio (311).
Fecha de Creación313
Impacto HistóricoEstableció un modelo de tolerancia religiosa en el Imperio romano y sentó bases para la independencia de la religión frente a la autoridad civil.
Importancia HistóricaPuso fin a la persecución estatal contra los cristianos, inauguró la "Paz de la Iglesia" y marcó un hito en la relación entre Iglesia y Estado.
LugarMilán
TipoDecreto, Edicto imperial

Tabla de contenido

Contexto histórico: de la persecución a la tolerancia

Durante las décadas anteriores, el Imperio romano mantuvo una visión teocrática y absolutista de la relación entre el poder civil y el culto religioso. Esa mentalidad chocó con la exigencia cristiana de libertad de conciencia, incompatible con un sistema que forzaba la adhesión a los dioses y al culto vinculado al emperador.1

A lo largo del tiempo, los cristianos pasaron de ser considerados una desviación dentro del judaísmo a ser tratados como enemigos del Estado, hasta llegar a una etapa en que las autoridades atacaron a la Iglesia como tal.1

El fracaso de las grandes persecuciones culminantes (en especial la de Diocleciano y sus colaboradores) llevó a reconocer que el conflicto no podía prolongarse indefinidamente. En ese cambio de clima político, el primer paso decisivo ocurrió con el edicto de tolerancia de Galerio (desde Nicomedia, en 311), cuando el emperador reconoció que los intentos de «reconducir a los cristianos» habían fracasado.1

La promulgación: Constantino y Licinio en 313

Tras la etapa de tolerancia anterior, la libertad plena de culto llegó con las disposiciones promulgadas en 313 por los emperadores Constantino y Licinio, publicadas en Milán. Eusebio transmite el texto en forma de «copias de leyes imperiales», donde los emperadores explican que, al considerar lo que beneficia al bien común y la prosperidad, resolvieron legislar también en lo relativo a la piedad hacia la divinidad.2

La Enciclopedia Católica sitúa la secuencia así: tras la victoria de Constantino sobre Majencio, las disposiciones conjuntas con Licinio aparecen en los primeros meses de 313.3

Contenido del edicto: libertad religiosa y dimensión religiosa del poder civil

Libertad para seguir la religión elegida

El núcleo jurídico del texto liga la política imperial al objetivo de asegurar que «la divinidad» sea propicia para el gobierno y para todos los que viven bajo su autoridad. En ese marco, el edicto concede:

«a los cristianos y a todos los hombres libertad para seguir la religión que elijan».2

La Enciclopedia Católica describe esta medida como una concesión que otorgó a los cristianos «plena libertad» para practicar su religión sin ser molestados.1

Piedad hacia la divinidad y el lenguaje deliberado

El texto no presenta una ruptura brusca con el vocabulario religioso imperial: emplea el término «deidad», una formulación que, al analizarse con cuidado, permitió expresar la nueva orientación sin forzar una ofensa inmediata a los cultos paganos.3

Ese modo de formular la ley ayudó a que el cambio político no sonara como una negación total del horizonte religioso previo, aunque el resultado práctico significara una transformación decisiva: el paso de la persecución a la tolerancia.3

Restitución de bienes eclesiásticos

Además del cese de la persecución, el Edicto de Milán incluyó una dimensión patrimonial: Constantino ordenó que se devolvieran los bienes de los cristianos que habían sido confiscados durante las persecuciones, con cargo al Estado.1

Esta restauración aparece conectada con la recuperación del lugar social y jurídico que la Iglesia había perdido en el período represivo: la Iglesia pudo volver a celebrar su culto y reorganizar la vida comunitaria con mayor estabilidad.1

En el ámbito del derecho eclesiástico, la Enciclopedia Católica recoge que, desde el tiempo del Edicto de Milán (313), el ordenamiento contempla la restitución de la propiedad «que pertenece a su comunidad, es decir, a sus iglesias, no a los individuos», formulación atribuida a Lactancio.4

La «Paz de la Iglesia» y sus efectos

El cambio de situación permitió que, por primera vez, muchos cristianos pudieran «observar la liturgia en toda su plenitud» y planificar la vida pública y social conforme a los ideales cristianos.1

La Enciclopedia Católica describe la «Paz de la Iglesia» como la condición eclesial posterior a la publicación en Milán: los cristianos recibieron libertad completa para profesar su fe sin persecución ni hostigamiento.1

También puede apreciarse un efecto más profundo: el Edicto de Milán impulsó una visión nueva sobre la relación entre religión y poder civil, al afirmar la independencia de la religión frente a la interferencia del Estado.1

Iglesia y Estado: soberanía propia y colaboración

La tradición católica reconoce que la Iglesia y el Estado no se confunden. Pío XII explica que la Iglesia posee, por su fundador divino, el dominio de la religión y la dirección religiosa y moral de los hombres, independientemente del poder del Estado.5

En la misma línea, Pío XII afirma que, aunque existan momentos de conflicto, también se presentan períodos tranquilos y prolongados en los que Iglesia y Estado colaboraron con plena comprensión en la educación de las mismas personas, mirando la Iglesia como ideal la unidad en la verdadera religión y la unanimidad de acción entre ambas instancias.6

El equilibrio entre dos tentaciones

La Comisión Teológica Internacional ofrece un marco conceptual útil para comprender el tema de la libertad religiosa y la relación Iglesia-Estado: advierte contra dos tentaciones simultáneas:

  • derivar la legitimidad del poder civil de la autoridad religiosa como si el poder político fuera una delegación;
  • absorber la Iglesia dentro del Estado, tratándola como un órgano meramente funcional del gobierno.7

El Edicto de Milán encaja en esta historia como un paso decisivo hacia un modelo más equilibrado, porque permite que el poder civil garantice la paz y el bien común sin exigir una adhesión religiosa forzada.1

Matices históricos: tolerancia y cambio real

El Edicto de Milán no equivale, en sentido moderno, a una teoría acabada de pluralismo religioso ilimitado; el texto imperial responde a la lógica política de su tiempo. Aun así, su decisión práctica resulta inequívoca: concede libertad para seguir la religión elegida, y lo hace en un momento decisivo para la historia cristiana del Imperio.2

La Enciclopedia Católica recalca que el documento abrió un camino en el que la religión deja de estar sometida al enfrentamiento con la autoridad civil, y el cambio se interpreta como triunfo de principios cristianos sobre la estrechez pagana.1

Conclusión

El Edicto de Milán representa un giro histórico: el Imperio romano dejó de sostener la persecución estatal contra los cristianos y reconoció su derecho a profesar la fe sin molestia, acompañándolo con la restitución de bienes eclesiásticos. Su legado más profundo consiste en afirmar que la religión no debe convertirse en instrumento de coerción política, inaugurando un período decisivo para la vida de la Iglesia: la Paz de la Iglesia.1

Citas y referencias

  1. Paz de la Iglesia. Catholic Encyclopedia, Paz de la Iglesia (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  2. Copias de leyes imperiales. - Copia de decretos imperiales traducidos de la lengua romana, Eusebio de Cesarea. Historia de la Iglesia (Eusebio de Cesarea), Libro X. Capítulo V, 4 (325). 2 3
  3. Constantino el Grande. Catholic Encyclopedia, Constantino el Grande (1913). 2 3
  4. Propiedad eclesiástica. Catholic Encyclopedia, Propiedad eclesiástica (1913).
  5. Papa Pío XII. Discurso «Vous avez vouloir» a los participantes del 10.o Congreso Internacional de Ciencias Históricas (7 de septiembre de 1955), 16 (1955).
  6. Papa Pío XII. Discurso «Vous avez voulu» a los participantes del 10.o Congreso Internacional de Ciencias Históricas (7 de septiembre de 1955), 21 (1955).
  7. B5. El Estado y la libertad religiosa - Cristianismo y la dignidad del Estado, Comisión Teológica Internacional. Libertad religiosa para el bien de todos, 60 (2019).
Modificado el 6 de julio de 2026 • FideScore™ 7.77 • 96 visitas • Citar este artículo

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