La Iglesia católica en Asia mantiene una presencia histórica prolongada y un desarrollo eclesial que abarca comunidades de orígenes y trayectorias muy diversas. Juan Pablo II subraya que, pese a la duración de su implantación y sus esfuerzos apostólicos, muchas personas percibían la Iglesia como «extranjera» y la asociaban a potencias coloniales; el Concilio Vaticano II impulsó una comprensión renovada de la misión, basada en la universabilidad del plan de salvación de Dios y en la responsabilidad de todos los miembros de la Iglesia en la tarea evangelizadora.1
En el conjunto asiático, la Iglesia católica actúa como minoría, con la excepción de Filipinas, donde los católicos forman mayoría. Esa particularidad condiciona la vida pastoral: en países con pluralidad religiosa, el anuncio cristiano y la catequesis tienden a articularse con testimonio público, obras de caridad y cooperación social; en países con restricciones, la prioridad pastoral se centra en la fidelidad al Evangelio y en la comunión eclesial.1
Diversidad de ritos y tradición eclesial
Asia no ofrece un único rostro católico. La exhortación apostólica Ecclesia in Asia resalta la «splendid variety» de las comunidades católicas por su desarrollo histórico, así como la diversidad espiritual y litúrgica de los diversos ritos. Todas esas Iglesias y comunidades mantienen unidad en la proclamación de la Buena Noticia de Jesucristo a través del testimonio cristiano, la caridad y la solidaridad humana.1
