Provincias, diócesis y circunscripciones eclesiásticas
La Iglesia católica en Chile organiza su presencia territorial a través de circunscripciones eclesiásticas, articuladas en torno a una provincia eclesiástica y a otros territorios de misión. En la organización eclesiástica se mantiene un esquema con una arquidiócesis metropolitana y sedes sufragáneas, además de vicariatos apostólicos para zonas de misión.1
En este marco, la arquidiócesis de Santiago aparece como sede metropolitana, con sedes sufragáneas históricas como Concepción, San Carlos de Ancud y Serena, y con vicariatos apostólicos como Tarapacá y Antofagasta.1
Adaptación territorial y creación de nuevas diócesis
La Iglesia también ha reordenado su mapa pastoral cuando las condiciones del territorio lo han exigido. El Acta Apostolicae Sedis explica que el aumento del número de fieles en grandes espacios impulsó a dividir territorios y a erigir nuevas diócesis para promover con mayor eficacia el bien de las almas.2
Cuando Roma reorganiza límites, vincula con frecuencia la delimitación eclesial con la realidad civil y procura establecer sedes catedralicias que ordenen la vida diocesana: el documento de 1926 crea diócesis nuevas y eleva iglesias parroquiales a la dignidad catedralicia, en coherencia con la tarea de gobierno pastoral.2
Asimismo, el mismo tipo de reorganización ordena que los confines eclesiásticos coincidan con los límites de circunscripciones civiles, de modo que la acción pastoral encuentre continuidad administrativa y territorial.3

