Las obras de misericordia espirituales son acciones concretas recomendadas por la Iglesia para imitar la misericordia divina, atendiendo a las necesidades del alma. Se distinguen de las corporales por su enfoque en el auxilio interior: perdonar, aconsejar, enseñar, etc.
Posición y relación con otras obras
Enseñar al que no sabe ocupa el tercer lugar en la lista tradicional:
- Dar consejo al que lo necesita.
- Enseñar al que no sabe.
- Corrigir al que se equivoca.
- Perdonar las injurias.
- Consolar al triste.
- Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.
- Rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.
Esta enumeración, codificada en el medievo por autores como santo Tomás de Aquino en la Summa Theologicae (II-II, q. 32, a. 1), responde al imperativo de san Mateo: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Mt 5,48). Enseñar no es solo instruir intelectualmente, sino guiar hacia la conversión y la comunión con Dios, integrándose con la corrección fraterna y el consejo.4


