Nombre y destinatario
La tradición eclesial denomina «epístolas católicas» a los escritos de Santiago, Judas, dos epístolas de Pedro y las tres primeras epístolas de Juan porque, a diferencia de muchas cartas paulinas, no se dirigen a un destinatario particular (ni a una persona ni a una comunidad concreta), sino a los fieles generalmente, siguiendo el estilo de una carta de carácter «enciclopédico» o magisterial para la comunidad cristiana.1
Rasgos frente a otras cartas
En el conjunto epistolar del Nuevo Testamento, las «epístolas católicas» suelen agruparse después del ciclo paulino y presentan matices propios del género: por ejemplo, la Carta de Santiago no incluye saludos finales y apunta a una clase de destinatarios más que a personas conocidas personalmente por el autor; en 1 Juan aparece un estilo más cercano a la predicación.2
