En la tradición cristiana, los estigmas místicos se relacionan con las marcas de la Pasión en el cuerpo. La literatura teológica clásica distingue entre estigmas visibles (con signos externos) y estigmas invisibles (con sufrimientos sin marcas externas).1
La Iglesia interpreta este tipo de fenómenos dentro del marco de la vida mística: el rasgo esencial no consiste en el signo corporal como tal, sino en la piedad hacia Cristo, la participación en sus sufrimientos y el aspecto de reparación por los pecados. La teología espiritual subraya que el dolor corporal, cuando procede de Dios, busca unir al alma a Cristo y conducir a la caridad y a la conversión.1



