En la tradición bíblica, el Éxodo constituye el segundo libro del Pentateuco. Su contenido se organiza con una introducción breve y tres grandes partes: prepara la salida de Israel de Egipto, describe el viaje hacia el Sinaí con milagros que disponen al pueblo para recibir la Ley, y concluye con la ratificación y renovación de la alianza sinaítica, donde el texto adquiere un carácter más normativo.1
El texto enlaza con la historia anterior: después del desenlace del relato sobre José, Israel crece en Egipto y entra en una etapa marcada por el conflicto político y la opresión que impulsa la intervención divina.1,6



