Los fieles invocan a San Rafael como patrono de los que buscan sanar: la tradición lo asocia con los enfermos, los que necesitan ayuda y, de manera destacada, con el ámbito médico por el signo de la curación atribuido a su misión.
También nace una devoción ligada a la vida familiar: Tobías y Sara constituyen el núcleo narrativo donde Rafael guía hacia una unión estable, mientras expulsa la fuerza demoníaca que destruye el amor. Por esa razón, la tradición lo vincula a la ayuda para un matrimonio bien encaminado y a la mediación entre los esposos.
En el plano de la piedad popular, la invocación a Rafael se conecta con una confianza concreta: Dios escucha las oraciones y envía auxilio. El testimonio patrístico relaciona la respuesta a la oración con el envío del arcángel Rafael para sanar.