En la reflexión moral católica, la gestación subrogada implica una separación entre:
- la gestación (el embarazo que transcurre en el cuerpo de la mujer),
- la responsabilidad personal y conyugal de los padres,
- y la relación de origen del niño respecto de quienes son llamados a ser su madre y su padre.
La Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe aclara que la instrucción contempla la «madre de alquiler» como una mujer que:
- lleva un embarazo en el que el embrión no procede genéticamente de ella (porque procede de donantes) y se compromete a entregar al recién nacido, o
- lleva un embarazo tras aportar su propio óvulo fertilizado con esperma de un tercero, también con el compromiso de entregar el hijo a quienes encargaron el proceso.1
Esa lógica de «encargo» sitúa el cuerpo de la mujer y el desarrollo del hijo en una dinámica de intercambio, que la Iglesia considera contraria a la verdad relacional de la procreación humana.3
