El Concilio de Basilea (y su evolución)
El concilio impulsado en Basilea se inscribe en el contexto de la recuperación de la unidad eclesial y en la búsqueda de un acercamiento con las Iglesias orientales. En la evolución del proceso conciliar aparecen disputas sobre el modo de negociar y sobre la autoridad del papa frente al concilio.
El Concilio en Basilea empieza el 25 de julio de 1431, convocado en el marco de la continuidad conciliar; pronto surgen conflictos con Eugenio IV, con tensiones sobre la posibilidad de disolver o trasladar el concilio y sobre la dirección de las negociaciones con Oriente.,
La trayectoria conduce a la transferencia de la sede conciliar hacia Ferrara en 1438, y más tarde hacia Florencia, con participación griega durante las sesiones decisivas.,
Además, el Concilio de Basilea también incluye debates y reafirmaciones sobre la autoridad de los concilios generales, como refleja una sesión centrada en renovar la declaración anterior de Constanza sobre la autoridad conciliar.
El Concilio de Florencia (1439) y su decreto de unión
El Concilio de Florencia culmina la labor de diálogo con las Iglesias orientales. La unión se aprueba en el marco de las sesiones en Florencia y se proclama solemnemente el 6 de julio de 1439, con participación de los padres latinos y con la firma del decreto correspondiente por el papa Eugenio IV y por el emperador Juan VIII, en un acto que busca expresar la comunión eclesial.,
El decreto aborda materias doctrinales clave que durante siglos habían dividido a Oriente y Occidente: la primacía de la Iglesia romana, cuestiones sacramentales como la Eucaristía, la doctrina sobre el purgatorio y el debate sobre la inclusión del Filioque.
Uniones sucesivas y traslado a Roma
El trabajo conciliar no se reduce a Constantinopla. Tras la unión con la Iglesia griega, el proceso incluye uniones con otras comunidades cristianas orientales. Se aprueban decretos de unión con los armenios y con los coptos, entre otros; el concilio llega incluso a conclusiones que abarcan iglesias de Siria y de los caldeos, y culmina con la unión con los maronitas de Chipre.
El concilio sufre traslados: desde Basilea pasa a Ferrara, después a Florencia y, finalmente, a Roma. En Roma, el trabajo conciliar continúa y formaliza decretos adicionales, manteniendo el horizonte de unidad con las Iglesias orientales.,
Fragilidad de la unión
Aun cuando el decreto se proclama solemnemente, la unión resulta de corta duración. La oposición en el ámbito oriental, especialmente tras el retorno a Bizancio, provoca que muchos signatarios disavén su participación y que la comunión establecida en Florencia no eche raíces duraderas.