La Iglesia confiesa a María como Madre «en el orden de la gracia». Ese lenguaje no reduce el papel de Cristo, sino que explica el modo concreto en que Dios quiso servirse de la maternidad de María para cuidar a los suyos en su camino hacia la plenitud.4,1
En la liturgia y en la piedad de la Iglesia, María recibe invocaciones que expresan su intercesión: Abogada, Auxiliadora, Benefactora y Mediadora. La tradición católica ha sintetizado esa realidad bajo el título de Medianera de todas las Gracias, porque la Iglesia reconoce que María continúa llevando a los fieles los dones de la salvación por su intercesión maternal.5,1

