La enciclopedia católica en español

Laico

En la Iglesia católica, laico designa a los fieles cristianos que no pertenecen al orden sagrado (no han recibido el sacramento del Orden) ni viven en un estado de vida religioso aprobado por la Iglesia. El Concilio Vaticano II presenta a los laicos como miembros del Pueblo de Dios y del Cuerpo de Cristo, incorporados a Cristo por el Bautismo y llamados, en su condición propia, a participar en la misión de la Iglesia y a actuar en la historia mediante el testimonio cristiano y la transformación del orden temporal según el Evangelio.1,2,3

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreLaico
CategoríaTérmino
DescripciónMiembros del Pueblo de Dios incorporados por el Bautismo, llamados a participar en la misión de la Iglesia y a actuar en la historia según el Evangelio. Fieles cristianos que no pertenecen al orden sagrado ni viven en un estado de vida religioso aprobado por la Iglesia. Participar en la misión salvífica de la Iglesia y santificar el orden temporal desde la vida secular
Aplicación MoralEjercer la fe en el ámbito profesional, familiar y social, aportando testimonio cristiano y contribuyendo al bien común.
ContextoConcilio Vaticano II
Contexto Histórico1960-1965, desarrollo de los documentos Lumen Gentium y Apostolicam Actuositatem.
Enseñanzas PrincipalesLos laicos comparten, a su manera, las funciones de Cristo (sacerdotal, profética y real) y colaboran en la evangelización y la transformación del mundo temporal.
Menciones en DocumentosLumen Gentium 30-37 (1964); Apostolicam Actuositatem 2,5,6,13,29 (1965); Catecismo de la Iglesia Católica 897-900 (1992); Juan Pablo II, Regalo de Dios de vida y amor (1981).
TemaApostolado laico
TipoTérmino teológico

Tabla de contenido

Definición teológica

El Concilio Vaticano II entiende por laicado «todos los fieles» excepto los que están en el orden sagrado y los que viven en el estado religioso aprobado por la Iglesia. Esos fieles, por el Bautismo, forman un solo cuerpo con Cristo y quedan constituidos dentro del Pueblo de Dios. El Concilio añade dos rasgos decisivos:

  • Comparten, a su manera, las funciones de Cristo: sacerdotal, profética y real.2,1
  • Realizan su parte en la misión del conjunto del pueblo cristiano, en la Iglesia y en el mundo.2,3

El Catecismo recoge la misma formulación: el término «laicos» incluye a los fieles incorporados por el Bautismo a Cristo e integrados en el Pueblo de Dios, que participan en el oficio sacerdotal, profético y real de Cristo y tienen un papel propio en la misión de la Iglesia.1

La índole secular como nota propia

La característica que el Concilio señala como más específica del laicado es la índole secular. Los laicos viven en las realidades del mundo: participan en profesiones y ocupaciones seculares y desarrollan su vida en las circunstancias ordinarias de la familia y de la vida social.2

El Concilio distingue esta vocación de otros estados de vida: el clero puede, en ocasiones, dedicarse a actividades seculares o ejercer profesiones; los religiosos dan testimonio de que el mundo no se transforma ni se ofrece a Dios sin el espíritu de las bienaventuranzas. En cambio, el laico busca el Reino de Dios ocupándose de los asuntos temporales y ordenándolos según el designio divino.2

Misión apostólica del laico

Participación en la misión salvífica

La Iglesia funda el apostolado en la naturaleza misma de la vocación cristiana: toda actividad del Cuerpo místico dirigida al fin salvífico recibe el nombre de apostolado. El Concilio enseña que en el Cuerpo de Cristo no existe un miembro meramente pasivo: cada parte contribuye al crecimiento del todo.4

En este marco, el laicado participa en la misión salvífica de la Iglesia. El Bautismo y la Confirmación comisionan al apostolado; los sacramentos, especialmente la Eucaristía, comunican y alimentan la caridad que sostiene el apostolado.3

Por eso, el Concilio afirma que el laico hace presente y operativo el misterio de la Iglesia en lugares y circunstancias donde solo puede hacerse realidad gracias a la presencia de los laicos. Cada fiel laico aparece como testigo e instrumento vivo de la misión eclesial.3

Renovación del orden temporal con el espíritu del Evangelio

La tarea apostólica del laico alcanza también al mundo temporal. El Concilio enseña que la misión de la Iglesia no se limita a llevar el mensaje y la gracia de Cristo, sino que incluye la penetración y perfección del orden temporal con el espíritu del Evangelio.5

Apostolicam Actuositatem explica que los laicos ejercen el apostolado tanto en la Iglesia como en el mundo, en el ámbito espiritual y en el ámbito temporal, distinguidos entre sí pero unidos en el plan de Dios. En ambos órdenes, el laico como creyente y como ciudadano se guía continuamente por la misma conciencia cristiana.5

Funciones de Cristo en la vida del laico

El Concilio describe la participación del laico en las funciones de Cristo. Esta participación no equivale a una duplicación del ministerio ordenado; expresa la forma propia con la que el cristiano bautizado vive su unión con Cristo y colabora en su misión.

Función sacerdotal: ofrecer la vida

El Concilio vincula la caridad, alimentada especialmente por la Eucaristía, con la vida apostólica del laico. La caridad es el alma del apostolado, y los sacramentos sostienen esa comunicación y nutrición de la caridad hacia Dios y hacia los hombres.3

Función profética: testimonio y palabra

Cristo, gran Profeta, cumple su oficio mediante la jerarquía y también mediante los laicos. El Concilio afirma que Cristo hace de los laicos testigos y les concede una inteligencia de la fe (sensus fidei) y una capacidad para comunicarla de modo atractivo, de manera que el poder del Evangelio se manifieste en la vida diaria, incluida la vida familiar.6

El laico expresa la esperanza con una conversión continua y con perseverancia frente a las fuerzas del mal, especialmente en el marco ordinario de su vida secular. El Concilio concreta esta dimensión profética en la evangelización realizada por la vida y por la palabra, con una cualidad propia vinculada al ambiente secular.6

La familia cristiana aparece como lugar privilegiado de este apostolado: cuando la fe impregna el modo de vivir, el hogar actúa como escuela de apostolado laical y propone, con ejemplo y testimonio, tanto la virtud del Reino de Dios como la esperanza de la vida futura.6

Función real: ordenar el mundo al bien

La dimensión «real» del laico se vincula con la santificación del mundo desde dentro. El Concilio afirma que los laicos trabajan para esa santificación como levadura en el interior de la vida social, con el fin de que las realidades temporales, al crecer hacia Cristo, contribuyan a la alabanza del Creador y del Redentor.2

Relación con la jerarquía y cooperación eclesial

El laicado no vive aislado del ministerio pastoral. El Concilio enseña que los pastores saben cuánto contribuyen los laicos al bien de toda la Iglesia, y que la misión salvadora completa no recae solo en el clero ordenado. La Iglesia llama a los pastores a reconocer los ministerios y carismas de los laicos para que todo el pueblo cristiano coopere con un mismo sentir.7

A la vez, los laicos reciben formación para colaborar de múltiples modos. Apostolicam Actuositatem recoge que el apostolado laical se orienta a la evangelización y a la santificación de los hombres, así como a la penetración y perfección del orden temporal por el espíritu del Evangelio. La actividad temporal del laico puede dar testimonio explícito de Cristo y promover la salvación.4

Derecho y deber en la vida eclesial

Recepción de bienes espirituales y libertad de comunicación

El Concilio establece que los laicos tienen derecho a recibir en abundancia de sus pastores los bienes espirituales de la Iglesia, especialmente la asistencia de la Palabra de Dios y de los sacramentos.8

También afirma un derecho concreto: los laicos deben comunicar a los pastores sus necesidades y deseos con libertad y confianza, propias de los hijos de Dios y de los hermanos en Cristo.8

Expresar opiniones por el bien de la Iglesia

El Concilio reconoce que, por su conocimiento, competencia o capacidad destacada, los laicos pueden e incluso deben expresar su opinión sobre cuestiones que afectan al bien de la Iglesia. Esa expresión exige proceder con verdad, valentía, prudencia, y con reverencia y caridad hacia quienes representan a Cristo por su ministerio.8

Formación del laicado

La vocación del laico exige una formación real y orgánica. Apostolicam Actuositatem afirma que la formación apostólica se caracteriza por la cualidad secular del estado laical y por su forma propia de vida espiritual. El Concilio describe además una formación humana completa adaptada a las condiciones y capacidades de cada persona.9

El Concilio añade dos núcleos esenciales:

La formación no se reduce a lo teórico: el laico aprende a contemplar, juzgar y actuar a la luz de la fe, y se desarrolla junto con otros mediante el ejercicio concreto de su responsabilidad en la vida temporal, manteniendo la unidad e integridad de la persona. Así el laico hace presente a la Iglesia en medio de las realidades temporales.9

Campos de apostolado laical

Apostolicam Actuositatem describe el apostolado en el ámbito social como una responsabilidad que corresponde con carácter propio al laicado y que no puede realizarse de modo adecuado por otros. El laico está llamado a infundir espíritu cristiano en la mentalidad, las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en la que vive.10

El Concilio concreta ese apostolado en los lugares donde el laico trabaja, estudia, vive o comparte el tiempo libre; allí el testimonio de vida acompaña al testimonio de la palabra. La honestidad en las relaciones y la caridad fraterna preparan los corazones para el influjo de la gracia. Además, el Concilio señala un criterio esencial: el apostolado laical incluye el anuncio explícito de Cristo mediante la palabra, cuando existe oportunidad.10

Síntesis

El laico participa en la misión de Cristo y de la Iglesia por su Bautismo y su Confirmación, vive su vocación en el interior de las realidades seculares y contribuye a la santificación del mundo desde dentro. El Concilio subraya que el laicado posee una tarea propia: ordenar y esclarecer el mundo temporal para que crezca hacia Cristo y contribuya a la alabanza del Creador y del Redentor.2,3,11

Citas y referencias

  1. Catecismo de la Iglesia Católica, 897 (1992). 2 3
  2. Capítulo IV - El laicado, Concilio Vaticano II. Lumen Gentium, 31 (1964). 2 3 4 5 6 7
  3. Capítulo IV - El laicado, Concilio Vaticano II. Lumen Gentium, 33 (1964). 2 3 4 5 6
  4. Capítulo I: La vocación del laicado al apostolado, Concilio Vaticano II. Apostolicam Actuositatem, 2 (1965). 2
  5. Capítulo II: Objetivos, Concilio Vaticano II. Apostolicam Actuositatem, 5 (1965). 2
  6. Capítulo IV - El laicado, Concilio Vaticano II. Lumen Gentium, 35 (1964). 2 3
  7. Capítulo IV - El laicado, Concilio Vaticano II. Lumen Gentium, 30 (1964).
  8. Capítulo IV - El laicado, Concilio Vaticano II. Lumen Gentium, 37 (1964). 2 3
  9. Capítulo VI: Formación para el apostolado, Concilio Vaticano II. Apostolicam Actuositatis, 29 (1965). 2 3 4
  10. Capítulo III: Los diversos campos del apostolado, Concilio Vaticano II. Apostolicam Actuositatem, 13 (1965). 2
  11. Catecismo de la Iglesia Católica, 898 (1992).
Modificado el 7 de julio de 2026 • FideScore™ 8.77Citar este artículo

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →