Fundación y desarrollo urbano
Laodicea fue fundada originalmente con los nombres de Diospolis y Rhoas, pero entre el 261 y el 246 a. C., el rey seléucida Antíoco II la recolonizó y la renombró en honor a su esposa Laodice. Situada en un espolón del monte Sálbaco, a una milla del margen izquierdo del río Licus, entre los ríos Asopo y Cadmo, su territorio se extendía entre el Licus y el Capro.1
Durante el siglo III a. C., el rey Aqueo la gobernó brevemente. Posteriormente, formó parte del reino de Pérgamo y sufrió daños en la guerra contra Mitridates, pero recuperó su prosperidad bajo el dominio romano. A finales del siglo I a. C., se convirtió en una de las ciudades principales de Asia Menor, destacando por su industria textil (paños de lana negra fina) y calzado. Roma le otorgó el estatus de ciudad libre y centro judicial (conventus juridicus) que abarcaba veinticuatro ciudades más.1
Sus ciudadanos adinerados la embellecieron con monumentos. Destaca Polemon, quien llegó a ser rey del Ponto armenio y de la costa de Trebisonda. La ciudad poseía una escuela de medicina y dio origen a filósofos escépticos como Antíoco y Teiodas. Sus monedas e inscripciones reflejan el culto a Zeus, Esculapio, Apolo y los emperadores.1
Declive y restos arqueológicos
Laodicea aparece frecuentemente en historiadores bizantinos, especialmente en la época de los Comnenos, y fue fortificada por el emperador Manuel. Las invasiones mongolas y turcas provocaron su decadencia y ruina total. Hoy, sus impresionantes ruinas se encuentran cerca del pueblo de Denizli (anteriormente Denizli Ladik, donde «Ladik» equivale a Laodicea), en el vilayato de Broussa. Incluyen un estadio, tres teatros, un acueducto, sarcófagos y otros vestigios.1


