Teresa organiza el camino por siete moradas, pero evita presentarlo como un «escalón» mecánico. En el texto enseña que existe diferencia real entre unas moradas y otras, y que el alma encuentra resistencias; por ello, el crecimiento requiere humildad, paciencia y obediencia al modo de Dios.,
Primera morada: dignidad del alma y la oración como entrada
En las primeras moradas, Teresa enseña la belleza y dignidad del alma en gracia y define la oración como puerta de acceso al interior. La autora parte de la realidad de Dios como Rey que habita; por eso, la oración no es técnica aislada, sino relación viva con Aquel que toma posesión del centro del alma.,
Segunda morada: perseverancia, reforma parcial y lucha contra las ocasiones del pecado
En las segundas moradas, Teresa intensifica el tono moral y la pedagogía espiritual: enseña la necesidad de perseverar para llegar al término del camino. Presenta también a las almas que comienzan a reformarse por la ayuda de Dios, pero todavía no vencen del todo su voluntad; en consecuencia, siguen enfrentando dificultades para evitar las ocasiones de pecado, y soportan aflicciones interiores.
Moradas centrales: educación del deseo y avance interior
El itinerario intermedio prepara la madurez espiritual. Teresa explica que el progreso interior se relaciona con la voluntad, la perseverancia y el modo de responder a Dios, de modo que la vida de oración se traduzca en una transformación interior capaz de sostenerse en medio del combate interior.,
Séptima morada: culminación en la comunión con el Esposo
La séptima morada recoge los grandes dones de Dios en las almas que han entrado plenamente. Teresa afirma que la grandeza de Dios no tiene límites y, por tanto, tampoco se agotan sus obras: el camino descrito no encierra toda la realidad de la acción divina.
En el horizonte de esta culminación, la tradición teresiana, recogida en la enseñanza de la Iglesia, subraya que la séptima morada permite describir «cuatro aspectos» que coronan la vida cristiana: lo trinitario, lo cristológico, lo antropológico y lo eclesial, articulados a partir del simbolismo bíblico del Esposo y la Esposa.