El latín como lengua litúrgica predominante
Desde los primeros siglos del cristianismo, el latín se consolidó como la lengua oficial del rito latino, garantizando unidad y continuidad doctrinal (lex orandi, lex credendi). La Encíclica Dei Verbum subraya la dignidad de la Vulgata como traducción tradicional, aunque reconoce la necesidad de versiones modernas basadas en los textos originales1. En el siglo XIX, la Iglesia advertía sobre los peligros de traducciones indiscriminadas en la lengua popular, defendiendo la unidad de la palabra sagrada2.
Primeras aperturas al vernáculo
Antes del Concilio, algunos países experimentaron con la introducción parcial del idioma local en ciertos ritos. El Papa Pablo VI, en su discurso de 1966, resaltó que el Concilio Vaticano II concedió el uso del vernáculo por razones pastorales, pero insistió en que el sentido del culto debía expresarse con claridad y reverencia3.
