La tribu de los levitas deriva de Leví, el tercer hijo de Jacob y Lea, cuyo nombre se interpreta como «unido» o «adjunto», evocando su apego especial al servicio divino.1 Según el relato bíblico, los levitas se distinguen tempranamente por su celo religioso, particularmente durante el episodio del bezerro de oro, donde se alinearon con Moisés contra la idolatría, ganándose así su vocación sagrada.1
Moisés, perteneciente a esta tribu, actuó bajo mandato divino para apartarlos del resto de Israel, sustituyéndolos por los primogénitos en el servicio del Tabernáculo.3 Esta elección no solo compensaba la falta de violencia inicial en la masacre de Siquem -donde Leví y Simeón fueron reprochados por Jacob-, sino que elevaba su estatus como mediadores entre Dios y el pueblo.1


