Bouyer se formó y trabajó en el marco de la teología cristiana del siglo xx, marcado por un intenso diálogo con la filosofía contemporánea. Su proyecto teológico buscó responder al reto de la modernidad sin romper con la continuidad de la fe: integró herramientas filosóficas de su tiempo para iluminar los datos de la revelación y para mostrar la lógica interna de la tradición.4,3
La unidad de su producción aparece en una idea directriz: la pregunta fundamental de la teología consiste en el modo en que el mundo se relaciona con Dios. Esa prioridad organiza el conjunto de su gran tratado sistemático.1


